Ursula K. Le Guin

Mis escritoras: Ursula K. Le Guin

El nombre de Ursula K. Le Guin apareció en mi vida este año gracias sobre todo al canal de Magrat Ajostiernos. Luego empecé a ver el nombre de la autora repetido en muchos sitios y pensé que, si así era, entonces tenía que darle una oportunidad.

Su vida

Ursula Kroeber nació en 1929 en Berkeley, California. Hija de un antropólogo y una escritora, creció en un ambiente intelectual y sus padres se preocuparon de que tanto ella como sus hermanos adquirieran la afición por leer. Ursula pronto desarrolló un interés por la literatura y empezó a escribir desde muy pequeña fantasía y ciencia ficción y más adelante, ya en la universidad, estudió Literatura Italiana y Francesa. Fue en un viaje a Francia donde conoció al que sería su marido, Charles Le Guin. El matrimonio regresó a Estados Unidos, donde ella ha seguido dedicándose a la literatura.

Su obra

Ursula K. Le Guin escribe fantasía y ciencia ficción y ha ganado varios premio Hugo y Nebula.

Saga de Terramar

Sin duda, una de las sagas más famosas de Le Guin es la de Terramar. Consta de tres novelas que publicó entre 1968 y 1972: Un mago de Terramar, Las tumbas de Atuan La costa más lejana. En 1990 y en 2001 publicó las dos siguientes entregas, TehanuEn el otro viento. Ya desde el comienzo sabemos que esta historia es diferente a lo que se escribía en la época de su publicación. Una de las primeras cosas que nos llama la atención, nada más ver el mapa, es que es un archipiélago formado por cientos de islas. Además, el color de piel predominante en las diferentes islas es el negro y el marrón, mientras que los blancos son considerados malvados y perversos.

Terramar Ursula K. Le Guin

Un mago de Terramar comienza con Ged, un joven niño con gran potencial que acaba estudiando en en la Escuela de Magia. Allí pronto destaca con sus habilidades, pero su ambición le lleva a cometer errores que le costarán caro. De hecho, una de mis escenas favoritas del libro y de la que he aprendido mucho a nivel narrativo es en la que comete ese error que lo marca para siempre (no quiero destripar mucho la trama, tendréis que averiguarlo vosotros). Terramar es una saga en la que la acción es pausada y se centra más en la evolución de los personajes y en sus aprendizajes. En Las tumbas de Atuan, cambiamos de protagonista, esta vez una niña, Tenar, atrapada en las tumbas y en su templo por ser considerada la reencarnación de la alta sacerdotisa.

Un mago de Terramar

De momento, solo he leído estas dos novelas de Terramar, pero se pueden leer casi de manera independiente, pues, aunque Ged también aparece en Las tumbas de Atuan, no es imprescindible conocer los hechos de la primera entrega.

En Terramar también tenemos un sistema de magia peculiar: el nominalismo, es decir, conocer el nombre verdadero de las cosas. Le Guin no se centra tanto como Patrick Rothfuss en cómo funciona este tipo de magia, pero explora cómo afecta a los personajes, especialmente en lo referente a su propio nombre, dando cabida constantemente a la pregunta ‘¿quién soy?’.

Las Tumbas de Atuan

La mano derecha de la oscuridad (1969)

Con esta novela de ciencia ficción, Le Guin ganó el Premio Hugo y el Premio Nebula. En ella, su protagonista, Genly Ai, llega a un planeta llamado Gueden para convencer a sus naciones de que se unan al Ecumen, una especie de Naciones Unidas a nivel planetario. Allí en Gueden, descubre que la raza de humanos que la habita es ligeramente diferente a la suya. Esto es uno de sus puntos fuertes, pues da base a uno de los temas más importantes de la novela: el género y sus roles. Los guedenianos son andróginos durante todo el año a excepción de una época en la que sus gónadas sexuales se desarrollan dependiendo del tipo de estímulo hormonal que reciban; es decir, un guedeniano puede ser hombre durante una de estas fases y mujer durante otra. Como es esperable, este detalle sorprende a Genly, pues él es un hombre durante toda su vida y sus características físicas concuerdan con su sexo.

La mano izquierda de la oscuridad

Relacionado con esto, también vemos el temor a lo desconocido, tanto por parte de Genly como de los gedenianos que no saben qué esperar de su visitante; la soledad, no solo por ser el único enviado en esta misión, sino por lo que supone para él ser de otra raza diferente y no saber en quién confiar.

Le Guin nos transporta a un planeta en el que las temperaturas son siempre tan bajas que suelen llamarlo Invierno. Este hecho climático queda muy bien reflejado en la forma que tiene la autora de describir los paisajes, el frío e incluso distinta terminología para denominar a la gran variedad de nieve que pueden distinguir los guedenianos. Son muchos detalles que están muy bien planteados y que hacen de este planeta una obra de worldbuilding de la que aprender.

Como veíamos en la saga de Terramar, Le Guin también opta por personajes de piel negra. En definitiva, una de las impresiones que me dejó La mano derecha de la oscuridad es que, como escritores, podemos romper moldes y crear universos que se alejen de la reglas que tan interiorizadas tenemos.

 


Hasta aquí el post sobre esta gran autora. ¿Habéis leído otras novelas de Le Guin? ¿Cuál nos recomendáis? No dudéis en comentar.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

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Cambio de personalidad de los personajes

Cómo describir los cambios de personalidad y el aprendizaje de los personajes

Si nos preguntan qué hace que un personaje sea un buen personaje, en el sentido narrativo, una de las razones que se nos viene a la cabeza es que tiene un buen desarrollo a lo largo de la historia. No solo se refiere esto a que le sucedan cosas, sino a que el personaje cambia y crece conforme va superando esas cosas que le pasan. Se trata ni más ni menos del aprendizaje y de los cambios de personalidad, una pieza clave en la creación de personajes.

La personalidad es un constructo que ha sido estudiado en Psicología a lo largo de los años. Una de las definiciones clásicas (y que me viene bien para esta entrada) la da Allport y se refiere a “la integración de todos los rasgos y características del individuo que determinan su forma de comportarse”. La personalidad es, por lo general, estable en el tiempo, pero es posible que diversos factores cambien ciertos aspectos de la misma. Estos factores tienen en común una cosa: se basan en el aprendizaje de nuevos tipos de respuesta frente a estímulos y eventos externos e internos, que pueden ser nuevos o conocidos. Para poneros un ejemplo sencillo, imaginaros una persona vergonzosa que nunca ha hablado en público. Su patrón de comportamiento aprendido es el de evitar situaciones donde tenga que enfrentarse a una audiencia de varias personas; a esto se suman reacciones fisiológicas como sudor, temblor o dolor de estómago. Si alguien tuviera que describir a esta persona, diría que es tímida, vergonzosa y demás calificativos similares. Ahora imaginad que durante la carrera universitaria se ha visto obligada a hacer exposiciones, tantas que ahora ya no siente el mismo nerviosismo que antes. Si alguien que no conocía a esta persona la ve por primera vez, dirá que su personalidad es decidida, que está segura de sí misma, etc. Su patrón de comportamiento ha cambiado ante el mismo evento: ahora no evita con el mismo esfuerzo el hablar en público ni tampoco suda, tiembla ni le duele el estómago como antes.

¿Para qué toda esta charla? Pues porque es necesario que sepamos cómo escribir los cambios de personalidad de nuestros personajes para que los lectores los aprecien como verosímiles.

Podemos clasificar estos cambios de personalidad en dos, aunque, como ya he dicho, la base es la misma:

  • Cambios producidos por un hecho extraordinario y que provocan un proceso de adaptación durante un tiempo, como por ejemplo, una ruptura sentimental: después del periodo de separación, se vuelve al estado anterior con ligeros cambios, que suelen relacionarse con ese ámbito (por ejemplo, ser más precavidos con las nuevas parejas).
  • Cambios paulatinos producidos por un suceso prolongado en el tiempo, como por ejemplo, independizarse de casa de los padres: el proceso de adaptación es mayor, pues el cambio suele ser permanente (te vas de casa para siempre) y más relevante (te organizas las comidas, la limpieza, te administras económicamente y todo lo que conlleva vivir fuera de casa, lo que te convierte en una persona más responsable y madura).

En muchas obras y, sobre todo, en series de televisión, veo que a los personajes les suceden cosas, por lo general negativas, pero luego estas no tienen ningún impacto en los personajes más allá de lo que dura el capítulo o la escena. Os voy a poner ejemplos de dos series donde dos sucesos traumáticos que a cualquiera le marcarían para siempre se tratan de forma diferente: A dos metros bajo tierraGlee. Brace yourselves, spoilers are coming:

YA EN SERIO, SI NO HABÉIS VISTO ESTAS SERIES Y TENÉIS INTENCIÓN DE HACERLO, SALTAROS ESTOS PÁRRAFOS HASTA EL SIGUIENTE AVISO.

  • A dos metros bajo tierra. En la temporada cuatro, David Fisher, el hijo mediano de la familia protagonista, es secuestrado. Desde este suceso hasta el final de la temporada vemos que David tiene pesadillas, pensamientos recurrentes, humor irascible y ataques de pánico (muy bien descritos, por cierto) que empiezan a remitir cuando afronta a su agresor (aunque durante la quinta temporada sus ataques de pánico regresan debido al estrés y a los sucesos familiares de la última temporada). Los guionistas no se olvidaron de que David pasó por esa situación traumática y dieron espacio y tiempo para explorar las reacciones del personaje y que su evolución reflejara esa experiencia.
A dos metros bajo tierra
Además, esta trama nos brindó una de las mejores escenas entre Nathaniel y David.
  • Glee. Aunque es una de mis series preferidas y he vivido muy buenos momentos con Glee, las pifias en cuanto a guión y, sobre todo, en cuanto a desarrollo de personajes son ampliamente conocidas entre los fans de la serie. Al principio de la primera temporada, Quinn Fabray, la jefa de las animadoras, se queda embarazada de Puck, uno de los malotes, y este embarazo le causa muchos problemas: sus padres la echan de casa y tiene que quedarse en casa de una de sus amigas, tiene problemas con su novio y con el padre de su hijo, a lo que hay que sumar el desajuste hormonal propio del embarazo y el hecho de que en el último capítulo, cuando da a luz, tiene que entregar a su hija en adopción a la madre biológica de su archienemiga. Pues en la segunda temporada parece como si todo esto nunca hubiera pasado. Solo en la tercera vuelven a traer el tema y de una forma un poco forzada.

Glee

 

 

FIN DE LOS SPOILERS

Bien, ahora que tenemos estos conceptos claros, lo que nos interesa como escritores es saber cómo plasmar estos cambios de forma verosímil en nuestras historias. A continuación, os doy seis trucos que pueden ayudaros a reflejar la evolución de la personalidad de vuestros personajes. Para que estos tres consejos se vean más claros, os pongo como ejemplo de suceso de cambio un accidente de coche.

1. Describir las conductas y actitudes normales antes del cambio

Imaginad un personaje que desde el comienzo de nuestra historia es jovial, alegre, extrovertido y social. Ahora tenemos que hacer una lluvia de ideas o una pequeña lista de conductas y actitudes que reflejen esa jovialidad y sociabilidad. Tenemos, por ejemplo: sonreír a menudo, gastar bromas, iniciar conversaciones de manera fluida, preocuparse por que otras personas también participen en las conversaciones, contar anécdotas, etc. Desde el comienzo de nuestra historia, tenemos que procurar escribir escenas en que este personaje haga algunas de estas conductas que hemos desglosado.

2. Determinar qué sucesos provocan reacciones normales antes del cambio

También tenemos que saber qué reacciones son normales en nuestro personaje en su día a día y qué sucesos provocan esas reacciones. Nuestro personaje del ejemplo sonríe y gasta bromas cuando está con sus amigos y con su familia y le gusta hablar y se interesa por la gente cuando conoce a personas nuevas. También trabaja en una tienda de alimentación y es amable con los clientes y les cuenta anécdotas cuando llegan clientes habituales. En su tiempo libre le gusta ver los campeonatos de coches y motos y le gusta jugar a videojuegos de deportes y acción con sus sobrinos.

3. Mostrar reiteradamente las conductas y actitudes previas al cambio

El objetivo de este punto no es otro que mostrar la estabilidad que caracteriza a la personalidad. Podemos describir repetidamente estos comportamientos de muchas maneras: hacer que nuestro personaje haga alguna acción de las que hemos desglosado (una escena en la que es amable con sus clientes), que se vea reflejada su conducta en los diálogos (con acotaciones en las que sonría o se ría a carcajadas), por medio de otros personajes que interactúan con él (que estos comenten sobre su personalidad: ‘¡Fulanito, siempre estás con las bromas!’), etc. De esta forma el lector se acostumbrará a su forma de ser y se dará cuenta cuando esta cambie.

Muestra, no cuentes

4. Determinar qué conductas y reacciones serán las opuestas a las normales

Ahora tenemos que hacer otra lluvia de ideas o pequeña lista para tener claro cuáles son las conductas y reacciones que van a reflejar un estado de ánimo o personalidad post-cambio. En nuestro ejemplo, después de que nuestro personaje haya tenido un accidente de tráfico, decidimos que va a ser más serio y reservado, por lo que elegimos como conductas nuevas u opuestas las siguientes: sonreír y bromear menos, iniciar menos conversaciones o finalizarlas más pronto, tomarse las palabras de los demás muy en serio, etc.

5. Determinar qué sucesos provocan estas nuevas conductas y reacciones

Pueden ser las mismas situaciones del punto 2, pero con diferente resultado, o pueden ser otras diferentes más relacionadas con el punto de cambio (el accidente), como cruzar la calle y escuchar el pitido de los coches. Incluso podemos añadir algunas que no estén relacionadas, pero que despierten en el personaje estas reacciones (esto está relacionado con el estrés post-traumático y la ansiedad que afecta aunque no haya motivo aparente).

6. Mostrar al personaje teniendo las nuevas reacciones y conductas tras el cambio.

Como sucedía en el punto 3, ahora tenemos que escribir escenas en las que nuestro personaje reaccione de forma diferente desde que le sucedió el evento que provocó un cambio en su personalidad. Podemos mostrarlo de forma reiterada como en el punto 3 o con menos frecuencia pero hacerlo de forma más relevante, dependiendo del efecto que queramos provocar en los lectores. Por ejemplo, podemos describir varias veces estas conductas nuevas (reír y bromear menos, ser más serio con sus clientes, jugar menos con sus sobrinos, etc.) o ser muy contundentes con una sola (que alguien haga una broma y nuestro personaje se enfade desproporcionadamente). No obstante, adaptarse a los cambios lleva tiempo y, mientras nos ajustamos a la nueva situación, solemos intentar mantener las conductas de siempre. Nuestro personaje intentará llevar su vida normal después del accidente, por lo que intentará hacer lo que hacía antes (bromear, ver los deportes de carreras, etc.), así que también podemos jugar con esto en nuestra narración. Siempre que tengamos en cuenta que el lector debe darse cuenta de que algo ha cambiado y no marcha como siempre, las opciones son muy amplias.

Bonus: Los personajes también pueden tener conductas de afrontamiento.

Estas conductas de afrontamiento son conductas ‘añadidas’ cuya finalidad es la adaptación al cambio. La tipología puede ser amplia, pero el objetivo es el mismo: superar dicho cambio. Pueden ir desde consumir pastillas para dormir, abusar de drogas, hasta empezar a hacer ejercicio, obsesionarse por alguna actividad (limpiar, cocinar, comprar), etc. Suelen ser actividades que antes no hacían o que hacían poco y ahora hacen con mayor frecuencia. También dependen del tipo de cambio al que tengan que adaptarse: no es lo mismo afrontar un accidente de coche que una ruptura o independizarse de casa.

 


Hasta aquí estos consejos para plasmar la personalidad de nuestros personajes. ¿Vosotros cómo lo hacéis? ¿Qué otros consejos añadiríais? Espero vuestros comentarios.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 


Imagen de portada de Nina ‘H

Consejos para NaNoWriMo

Kit del buen plantser para sobrevivir al NaNoWriMo

Dice la famosa rima: ‘Recuerden, recuerden el mes de Noviembre. Pluma, tinta y libreta. No veo la demora y siempre es la hora para preparar la escaleta’ Ay, no, así no era… Bueno, sabéis qué rima popular os digo, ¿no? La que se entona al empezar el NaNoWriMo.

Para quienes no sepáis qué es el NaNoWriMo, es el National Novel Writing Month o Mes Nacional de Escritura de una Novela (en español, MeNaEsNo suena complicadete) y tiene lugar cada noviembre para animar a los participantes a escribir 50000 palabras en un mes.

NaNoWriMo

Quería hacer una entrada relacionada con el NaNoWriMo, pero no sabía muy bien cómo enfocarla. El año pasado participé por primera vez y, aunque no llegué a las 50000 palabras, sí que aprendí muchas cosas y avancé con una historia que tenía ganas de empezar desde hacía tiempo. Esa vez empecé a escribir con brújula, sabiendo más o menos hacia dónde quería dirigirme en cada capítulo, pero improvisando la mayor parte del viaje. Fue un experimento interesante, pero este año quiero planificar un poco más, porque, además, mis sesiones de escritura serán más reducidas, así que mejor tener una guía antes de ponerme a aporrear las teclas.

¿Cómo prepararse para el NaNoWriMo si eres plantser?

¿Qué es un plantser?, dices mientras clavas tu dedo en las teclFANI, DEJA LA POESÍA. Ejem… bien, esto, prosigamos. En la web de NaNoWriMo definen al escritor plantser como una mezcla entre planner y pantser, es decir, una persona que escribe con mapa, pero le gusta usar la brújula y mezcla la planificación y la improvisación. Como yo tengo mucho de plantser, os voy a contar cómo me estoy preparando para noviembre.

1. Escaleta plantser: La línea discontinua

Los escritores de mapa suelen tener todos sus capítulos planificados de principio a fin. No solo los capítulos, sino también las escenas. Es como si en el segmento de una línea recta, tuvieran todos los puntos que la forman preparados (y si recordáis las matemáticas del instituto, sabréis que entre el inicio y el final de un segmento, hay infinitos puntos, así que imaginad cuánta planificación). Pues una escaleta plantser sería el equivalente a un segmento donde solo hemos marcado unos pocos puntos entre principio y final, como una línea discontinua, vaya. Para la historia que voy a escribir este noviembre lo que he hecho ha sido anotar el un suceso al inicio de la línea cronológica y el punto final de la novela. Luego entre ambos puntos, las escenas y puntos de giro principales y necesarios que deben aparecer de un modo u otro en la trama, así como ideas para diálogos que no quiero que se me olviden. Como quiero escribir desde tres puntos de vista, he hecho tres cronologías o líneas y he unido las escenas que pasan simultáneamente, así tengo una perspectiva visual de toda la trama.

Escaleta NaNoWriMo
La escaleta para mi novela de este NaNoWriMo. Cada color es un personaje y, aunque no se aprecie, hay líneas que unen algunas escenas. Advertencia: ser plantser no significa tener esta letra tan fea.

Si le queréis dedicar más tiempo a esta parte de la planificación, podéis echarle un vistazo a esta entrada de Rafa de la Rosa para La Maldición del Escritor.

2. Desarrollo de personajes: Compañeros de taller

Seguro que alguna vez habéis ido a algún taller o curso corto y al empezar os han pedido que os presentéis brevemente para conoceros. Para una preparación plantser de los personajes haremos algo parecido. Describid en un par de párrafos los aspectos más relevantes de su vida y personalidad y, si os pasa como a mí y sois muy visuales, podéis buscar fotos de gente que os imaginéis en la piel de los personajes, como si de un casting se tratara. Y como pasa en los cursos y talleres, conforme pase el tiempo y avancéis en vuestra historia, iréis conociendo más a fondo a los personajes. Ahí entra en juego la magia de la improvisación.

NaNoWriMo
‘Yo me llamo Eustaquio y he tenido un pasado muy chungo, pero sé hacer magia con las pestañas, mirad’.

Si es sobre los personajes sobre quienes queréis trabajar más, esta entrada de Inteligencia Narrativa os puede venir muy bien.

3. Worldbuilding: Vacaciones en el extranjero

Cuando planeamos unas vacaciones en un país extranjero, solemos buscar información sobre las costumbres y tradiciones de ese país que nos conciernen personalmente: horario de cierre de los comercios, horarios de comida, tipo de moneda, idioma, etc. No nos preocupamos de cosas como abrirse un fondo de pensiones o inscribirse en el paro, porque no vamos a necesitarlo para diez días que estemos de vacaciones. Puede que cuando estemos allí conozcamos a alguien y esos temas surjan en una conversación, pero poco más. Para la plantsificación (oh, dios, me he inventado un palabro…) del worldbuilding pasa algo parecido. La novela que quiero empezar este noviembre no tiene un worldbuiding muy complejo, por lo que solo he anotado los puntos clave que le dan sentido a la trama y los he desarrollado un poquito más. He elegido aquellos aspectos que sé que necesito tener muy claros para no atascarme y me voy a permitir improvisar en los otros que son menos importantes. Como unas vacaciones por mi mundo inventado.

Worldbuilding
‘Mordor quedaba por esa calle de allá’.

Si vuestra historia requiere un worldbuilding más desarrollado, entonces os recomiendo que le dediquéis más tiempo a este paso y que le echéis un vistazo a estas recopilaciones de posts de Carlos Pérez Casas y Ana Katzen.

4. Orden de los capítulos: Montando el puzle

Como quiero narrar mi historia desde varios puntos de vista, antes de ordenar los capítulos he seleccionado las escenas de cada línea temporal que incluiré. Esto me permite ver qué información tengo que dar u omitir para crear intriga. Después, he ordenado los capítulos. Este paso parece ser muy obvio, pero lo incluyo por si tenéis, como yo, varios puntos de vista u os habéis decantado por una estructura no lineal (os recuerdo que el primer paso de la línea discontinua es la cronología de los sucesos, no tiene por qué coincidir con el orden en que presentéis luego la trama). El tipo de estructura que uséis influirá en las escenas de vuestra cronología que seleccionéis y en la información que iréis desvelando a lo largo de la trama.

Escenas de la escaleta
Yo montando las escenas de mi proyecto

Como veis, no es una planificación muy exhaustiva de cada capítulo o escena, pero al menos os da pequeñas metas a las que llegar cuando comencéis a escribir y podéis improvisar y dejar que los personajes cobren vida ante vuestros ojos. Tener estas pequeñas metas puede ser muy útil para planearos objetivos de escritura y también para tener una alternativa cuando se os atasque alguna escena y así no romper el ritmo de escritura, que en el NaNoWriMo es esencial.

NaNoWriMo

 


Hasta aquí mis consejos para la plantsificación (ya que me he inventado la palabra, la uso) de vuestro NaNoWriMo. Solo queda preparar nuestros dedos y darle a esas teclas. Y vosotros, ¿vais a participar este año? ¿Cómo os planificáis vosotros? No dudéis en dejar vuestros comentarios.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 

Cerrado por mudanza

Cerrado por mudanza

‘¿Dónde te mudas, Fani?’ os estaréis preguntando (o lo mismo no, pero era por comenzar de alguna forma el post). Pues bien, me voy un añito a Dublín con un proyecto de voluntariado europeo, así que estaré ausente una temporada hasta que me asiente y vuelva a tener mis rutinas. Además, quiero dedicar el tiempo libre a conocer el país y a escribir mis proyectos, por lo que es probable que actualice con menos frecuencia. Pero, eh, que no os abandono y seguiré trabajando en el blog aunque nos veamos un poquito menos.

Y mientras regreso, os dejo varias entradas para que refresquéis la memoria y así cojáis la vuelta con más ganas.

Tutorial de corrección de una novela

Para cuando acabéis vuestro manuscrito y os pongáis con esta fase que a muchos de nosotros nos quita el sueño:

Turismo literario

Si queréis viajar leyendo, os dejo los lugares a los que hemos ido con la literatura:

Mis escritoras

También le dedico una sección a mis autoras favoritas y a aquellas que voy descubriendo y voy añadiendo a mi lista de imprescindibles:

Entradas más populares

Las entradas que más visitas, comentarios, likes y shares han recibido:

Si queréis leer lo que he publicado hasta ahora…

Para quienes solo me conozcan por mis entradas del blog y sientan curiosidad por saber cómo escribo ficción, os dejo los enlaces de lo que he publicado hasta la fecha:

  • Nivel 10 (2016), mi primera novela autopublicada en Amazon. Podéis comprarla por 2.99€. Además, este mes de octubre es el #MesIndie en Amazon y ¡estará de oferta!
  • Brindis (2017), relato corto que publiqué en el blog.
  • Siempre seré loba (2017), relato corto finalista del I Concurso Literario Antro Narrativo y cuya antología podéis descargaros gratis en Lektu mediante pago social.

Y para que este post no quede tan egocéntrico:

Os voy a dejar también algunos de los blogs y entradas más recomendables que he leído estos meses:

 


Hasta aquí el recopilatorio (virgen santa qué de links). Y recordad, no es una despedida, es un hasta pronto. En redes sociales estaré algo más activa, sobre todo en Twitter, así que allí os espero.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 


Imagen de portada de Neda Andel

Argentina

Turismo literario: Argentina

Esta semana cruzamos el charco y aterrizamos en Argentina, país que ha dado grandes autores de la literatura en español. Tengo que reconocer que a los más conocidos y celebrados (Borges o Cortázar) no los he leído, así que os traigo una selección quizá menos conocida. ¿Os habéis abrochado los cinturones y puesto el móvil en modo avión? Pues despegamos.

Manuel Puig

Manuel Puig

Puig nació en 1932 en General Villegas y ya desde muy pequeño desarrolló una fuerte afición por el cine gracias a su madre, que se lo llevaba a las salas de proyección con apenas tres o cuatro años. El cine lo acompañó siempre, hasta el punto de estudiarlo de mayor. Fue así como viajó por Italia y después trabajó como asistente de dirección en Buenos Aires y Roma. Más adelante, se mudó a Nueva York, donde completó su primera novela La traición de Rita Hayworth. Al volver a Argentina, escribió Boquitas pintadas (1969) y en 1971 fundó junto a otros intelectuales el Frente de Liberación Homosexual (ya desde adolescente se declaraba homosexual). Dos años más tarde, en el setenta y tres, publicó The Buenos Aires Affair, novela que le costó el exilio a México. Alejado de su país natal, escribió la novela de la que os hablaré a continuación: El beso de la mujer araña (1976).

El beso de la mujer araña

El beso de la mujer araña cuenta la historia de dos presos, Valentín y Molina, que comparten celda durante el último gobierno de Perón (sí, el de Evita) y años posteriores. Era una época en que la Triple A (una organización terrorista y parapolicial) asesinaba a revolucionarios de izquierdas. Este estado opresor es el que ha llevado a ambos protagonistas a la cárcel: Valentín por guerrillero, Molina por homosexual. La novela se desarrolla por completo en forma de diálogo continuado, sin narrador y sin acotaciones, salvo notas a pie de página sobre sexualidad y algunos monólogos interiores de los personajes. Una estructura muy interesante para dar amplio protagonismo a los personajes y a la evolución de su relación.

Como dato anecdótico, John Kander y Fred Ebb adaptaron la novela a un musical de Broadway que ganó un premio Tony a mejor musical.

Ernesto Sábato

Ernesto Sabato

Hijo de inmigrantes italianos, Ernesto Sábato nació en Rojas, Buenos Aires, en 1911. De joven formó parte de la Reforma Universitaria, de tendencia comunista, y fue elegido Secretario General de la Federación Juvenil Comunista, pero más adelante, empezó a mostrar dudas sobre el comunismo, lo que hizo que le mandaran a una escuela leninista de Moscú. Años más tarde, se doctoró en Ciencias Físicas y Matemáticas y trabajó como investigador hasta que decidió dedicarse por completo a la literatura.

El túnel Ernesto Sabato

El túnel (1948) es su obra más conocida, cuyo protagonista, Juan Pablo Castel, es un pintor obsesionado con una mujer a la que acaba matando (tranquilos, no es spoiler,  ya desde el comienzo nos lo dice el propio protagonista: “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne”). Esta novela fue una de las que tuve que leer para el taller de novela al que asistí a principios de año y nos la recomendaron para que viéramos como representar la obsesión enfermiza de un personaje. Y fue una buena recomendación, porque si algo vemos en esta novela corta es cómo un hombre pierde la cabeza por una mujer que le ha mostrado simpatía e incluso afecto, pero sobre la que no tiene ni voz ni voto. No obstante, su enfermiza fijación, su naturaleza posesiva, violenta y machista y sus celos lo llevan a creerse con el derecho a quitarle la vida. Si queréis ver cómo es la caída al abismo psicológico de un personaje, os recomiendo esta novela; si no os apetece leer sobre violencia machista, entonces mejor que os abstengáis.

Adolfo Bioy Casares

Adolfo Bioy Casares

Bioy Casares nació en Buenos Aires en 1914 en el seno de una familia de clase social alta, lo que le permitió dedicarse a la escritura gran parte de su tiempo. En la universidad estudió Derecho, Filosofía y Letras, pero abandonó estas carreras por el descontento que le generó el ambiente universitario. Se retiró a una casa propiedad de su familia, donde se dedicó a leer y escribir. Más tarde conoció a Jorge Luis Borges con quien mantendría una estrecha amistad hasta la muerte de este último. Casares recibió muchos premios a su carrera literaria, entre ellos el Premio Cervantes en 1990, y es considerado uno de los primeros escritores de ciencia ficción en lengua castellana. Una de sus obras más conocidas, La invención de Morel (1940), es precisamente su primera obra de este género (y otra de las que me recomendaron en el taller).

La invención de Morel

En esta novela, un fugitivo (del que desconocemos su nombre) que se esconde en una isla nos cuenta en su diario la llegada de unos turistas. Esta visita le resulta tanto un milagro como un peligro, pues teme que puedan descubrirlo y entregarlo a las autoridades de las que huye, así que decide espiarlos. Es así como descubre entre los turistas a Faustine, una mujer de la que se enamora a primera vista, y a Morel, un científico que el fugitivo cree que es amante de Faustine. Durante las siguientes semanas, el fugitivo va observando sucesos que le resultan desconcertantes sobre los turistas y cree estar volviéndose loco. Sin entrar en muchos detalles, solo os diré que poco a poco el fugitivo va descubriendo qué es lo que está pasando realmente y que esa invención de Morel está ahora en nuestros días en pleno desarrollo y expansión (sin todo el drama de la novela, claro), al menos como yo interpreté la historia.

 


Hasta aquí el viaje por tierras argentinas. ¿Conocíais a estos autores? ¿Los habíais leído? Si tenéis alguna recomendación, no dudéis en dejarla en los comentarios.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 


Imagen de portada de Hernán Piñera.

Técnicas narrativas

Técnicas narrativas que me acabo de inventar (y de dónde las he sacado)

El título puede llevar a pensaros que estoy loca. Fani, pero ¿cómo osas inventarte técnicas literarias así de la nada? Bueno, no es que me las haya inventado tal cual, lo que voy a hacer es ponerle nombre a ciertos recursos que he visto en diversos libros y que considero que son métodos muy interesantes para nuestras narraciones, sobre todo para provocar la intriga de nuestros lectores y dejar las pistas de nuestra trama. En esta entrada os hablaré de tres técnicas que he recopilado. Espero poder añadir más en un futuro, pero, bueno, tiempo al tiempo.

El sándwich

Leyendo El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss, me fijé en una de las formas que tiene el escritor de presentar las pistas.

AVISO SPOILERS: Contiene elementos de la trama de Crónica del asesino de reyes, si no la habéis leído, podéis saltaros este párrafo hasta el siguiente aviso.

 

Más en concreto cuando Kvothe viaja a Vintas y el maer Alveron le pide que le ayude a conquistar a Meluan Lackless. Para ello, Kvothe acude a Caudicus con la excusa de que está realizando una investigación sobre las casas reales. Así va recopilando cotilleos hasta que, después de pelearse con Denna por la canción que esta ha compuesto sobre Lanre, decide ojearlos de nuevo mientras bebe con toda la pena en su ser.

"Así fue como me enteré de que el anterior conde Banbride no había muerto de tisis, sino de sífilis que le contagió un apasionado mozo de cuadra. [...].

El barón Anso había pagado a varios funcionarios para evitar el escándalo cuando descubrieron a su hija pequeña en un burdel. [...]

Ya había empezado la segunda botella de vino cuando leí que la joven Netalia Lackless se había fugado con una troupe de artistas itinerantes. Sus padres la habían desheredado, por supuesto, y Meluan había pasado a ser la única heredera de las tierras de los Lackless. Eso explicaba el odio que Meluan les tenía a los Ruh, e hizo que me alegrara aún más de no haber revelado mis orígenes Edena en Severen.

Había tres historias diferentes que versaban sobre los ataques de furia que tenía el duque de Cormisant cuando se emborrachaba, [...].

También aparecía Bredon. [...]."

Bien, si estáis al tanto de las teorías sobre los Lackless, sabréis que hay dos que tienen mucha fuerza (y que puede que no sean excluyentes): la primera es que la madre de Kvothe es Netalia Lackless y la segunda es que Denna pertenece a la familia Lackless/Loeclos. En este párrafo aparece por primera vez el nombre Netalia Lackless y lo que me llamó la atención es la forma en la que está distribuida la información: una pista importante sobre Laurian y/o Denna (el nombre de la hermana de Meluan) entre detalles que no tienen relevancia. Vamos, como si de un sándwich se tratase. Con todo lo que se sabe de Laurian y de Denna hasta ese momento, ese párrafo sobre Netalia Lackless hace que podamos teorizar más, y lo más curioso de todo es que parece que está en ese orden para que pensemos que no tiene mucha importancia ese nombre.

FIN DE LOS SPOILERS

En resumen: la técnica del sándwich consiste en dejar una pista clave camuflada entre información irrelevante de forma que pase desapercibida. Si el lector tiene sospechas sobre esa pista, le resultará sospechoso y relevante que la información clave haya aparecido así; si el lector no sospechaba nada, con una relectura se dará cuenta de que había tenido todas las pistas escondidas.

técnicas narrativas
Me han entrado ganas de escribir y de comer.

La bomba de humo

En El camino de los reyes, de Brandon Sanderson, una de las tramas es la de Dalinar, hermano de Gavilar, el fallecido rey de Alezkar, y tío de Elhokar, el nuevo rey. En guerra con los parshendi, el ejército alezi lleva ya años en las Llanuras Quebradas y Dalinar propone una nueva estrategia (sin spoilers):

"Con el ejército alezi encajonándolos por el este y el norte (y con exploradores situados por si acaso al este y al sur), los parshendi no podían escapar. Dalinar había argumentado que los parshendi se quedarían sin suministros. Entonces tendrían que exponerse y tratar de escapar de las Llanuras, o tendrían que atacar a los alezi en sus campamentos fortificados.

Fue un plan excelente. Excepto que Dalinar no había tenido en cuenta las gemas.

Se dio la vuelta y caminó por la meseta. Anhelaba ir a ver a sus hombres [...]."

Hasta entonces, poco se sabe de las gemas corazón, tan solo que son muy valiosas. Al leer este fragmento, concluimos que su valor va más allá del económico, pero seguimos sin saber muy bien cuál es su importancia. Más adelante, el narrador nos explica un poco más para qué valen las gemas corazón.

En El cuento de la criada, de Margaret Atwood, también vemos este recurso: la narradora va hablando de su día a día y menciona diversos elementos como la Ceremonia, el Salvamento o las Marthas sin explicarnos de qué se trata. Nuestra primera reacción es la de pensar: ‘¿pero qué es esto?’, hasta que avanzamos más en la historia y vemos de primera mano en qué consisten esos eventos.

En resumen: la técnica de la bomba de humo consiste en mencionar algún elemento importante de nuestra trama, pero no explicarlo inmediatamente, sino dejar pasar las páginas antes de profundizar para así crear expectación en los lectores.

técnica narrativa
Debemos ser narradores-ninja.

La patita debajo de la puerta

Todos conocemos el cuento del lobo y los cabritillos en el que mamá cabra se va a comprar (o trabajar, dependiendo de la versión que os hayan contado) y les advierte a sus cabritillos que, si alguien llama a la puerta, el desconocido les debe enseñar la patita por debajo de la puerta para que sepan si es su madre o no. Pues bien, el truco de mamá cabra también podemos usarlo en nuestras historias. Podemos tomar como ejemplo la novela de Frankenstein: cuando el doctor Frankenstein termina de crear su monstruo, este es descrito como un tiarrón de unos 2’40 metros de altura y más adelante, cuando se nos dice que una figura humana muy grande o muy alta aparece, sabemos que se trata del monstruo, pues sabemos cómo es físicamente y con un simple detalle lo reconocemos. En Drácula, de Bram Stoker, pasa algo parecido: se nos describe al conde como una persona alta, con facciones angulosas y delgadas y unos ojos de color rojo. Más adelante, cuando los distintos personajes se encuentran con el famoso vampiro, tan solo nos nombran un rasgo de su persona, pero ya sabemos que se trata de Drácula por su descripción. Los cabritillos del cuento infantil saben que su madre tiene la pata blanca y, por tanto, si ven una pezuña marrón con garras, pues como que no van a abrir la puerta por si acaban donde no tienen que acabar.

También podríamos usar este truco para engañar vilmente a nuestros lectores. Al igual que el lobo se enharinó la pata para hacerse pasar por mamá cabra, podemos usar las descripciones para crear una falsa sensación de familiaridad y dejar pistas falsas o introducir un giro argumental o cualquier elemento que necesitemos. He intentado hacer memoria de novelas que nos engañen con las descripciones de personajes y, ahora mismo, no caigo en ninguna, pero en cuanto recuerde o lea alguna en la que suceda, actualizaré esta entrada (y si a vosotros se os ocurre alguna, no dudéis en dejarla en los comentarios).

En resumen: La descripción de nuestros personajes (o de otros elementos de la historia) puede servirnos para jugar con las expectativas de los lectores, tanto para engañarlos como para adelantar la aparición de esos elementos sin nombrarlos.

técnicas literarias
Pero si enseñáis la pezuña blanca, no enseñéis también la cabeza de lobo, que los cabritillos no son tontos.

 

Hasta aquí estas tres técnicas narrativas. ¿Qué os parecen? ¿Conocéis alguna novela donde hayáis visto que usan estos recursos? No dudéis en comentar.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 

Lo que la cocina me ha enseñado sobre escribir

Estaba el otro día cocinando cuando se me ocurrió la idea para esta entrada. Estaba haciendo una de mis especialidades, arroz al vino tinto, y me acordé de las muchas veces que mi madre me ha dicho lo impaciente que yo era a veces en la cocina. Ahora soy mucho más calmada y dejo que las cosas se hagan a su debido tiempo, lo cual se nota mucho en el resultado final. Pues mientras recordaba las palabras de mi madre, pensé que algo parecido pasa con la escritura. ¿No os imagináis cómo? Os lo explico a continuación.

La cocina y la escritura tienen sus tiempos de cocción

Cada ingrediente de un plato necesita su tiempo de cocción y, si no respetamos ese tiempo, se nos pueden quedar crudos o no sueltan todo su sabor y el plato queda insípido. Cuando escribimos, nuestra historia requiere también su tiempo adecuado. Bien sea si somos de mapa y necesitamos tenerlo todo planificado antes de escribir o si somos de brújula pero queremos tener bien pensada la idea antes de ponernos manos a la obra.

Escribir y cocinar

El tiempo de cocción también influye, como es lógico, en la longitud de nuestra historia: no solo no dedicamos más tiempo a una novela larga que a una corta o a un relato, sino que la trama también requiere una elaboración diferente dependiendo del formato. ¿No os pasa que a veces leemos un libro y pensamos ‘se le podía haber quitado unas cuantas páginas y la historia quedaría igual’? Tenemos que tener muy bien medidas la longitud de nuestra novela y la adecuación de esa longitud a nuestra trama para que no se quede demasiado corta cuando deberíamos haber escrito más ni demasiado larga cuando podíamos haber resumido. Además, esto también tenemos que tenerlo en cuenta si queremos presentarnos a concursos o tenemos fechas límites: al igual que hacernos un cocido si solo tenemos media hora para prepararnos la comida es una idea descabellada, intentar escribir una historia de considerable longitud cuando el plazo de entrega acaba en dos semanas es igualmente una locura.

Escribir

Otro punto en el que el tiempo de cocción es importante es en el desarrollo de las escenas, tramas principales y secundarias, etc. A veces, cuando nos ponemos un objetivo para una escena debemos tener cuidado para no apresurarnos y que tenga el progreso adecuado, o si no, lo que conseguiremos es que quede una escena precipitada y poco creíble (doy fe, yo misma he pecado de esto) o excesivamente larga y tediosa. Por ejemplo, una escena de pelea donde el personaje es herido y debe retirarse quedaría muy forzada y rápida si en el primer ataque, su contrincante ya le ha hecho un buen corte con su espada; lo ideal sería ir dejando que los personajes se atacaran, se cansaran, se distrajeran, etc. y ya podríamos introducir el golpe desafortunado que de pie a la huida.

En la cocina y en la escritura se necesita buena materia prima

ingredientes para escribir

Una buena habilidad para cocinar es clave, pero si le añadimos unos ingredientes de calidad, la receta sale muchísimo mejor. Con la escritura pasa igual. Pero ¿qué es lo que consideramos materia prima? Pues desde el uso de las palabras adecuadas, con su precisión y sonoridad deseada, hasta unos buenos personajes, un buen worldbuilding y unas premisas interesantes. Los lectores podemos llegar a amar un libro con una trama muy sencilla tan solo porque los personajes nos llegan o porque el estilo de la narración es tan cautivador que nos resulta imposible dejar de leer. Y al contrario. Se me viene a la cabeza un par de libros que dejé porque los personajes se me hacían bola.

Desarrollo de personajes
No quedaría igual un cómic con personajes como el boceto de la izquierda que con ilustraciones como la de la derecha (vía RaeDrawsStuff).

Se puede hacer mucho con la cocina y la escritura de aprovechamiento

No sé si conocéis el programa de cocina de los hermanos Torres, pero ellos suelen hacer recetas aprovechando otros platos o ingredientes preparados que les han sobrado. Nosotros podemos hacer algo similar con nuestros textos: a veces escribimos algún relato, microcuento o escena que nos gusta mucho, pero lo hemos dejado por ahí olvidado en un cajón o en un archivo en nuestro pen drive. O quizá tenemos una historia que no nos convence, pero en la que hay escenas que merece la pena rescatar. Pues bien, ahí podemos tener toda una mina de oro de la que sacar algo que se adapte a nuestras necesidades y, como los hermanos Torres, hacer una receta completamente nueva y buena.

Escritura de aprovechamiento

Cocinar con un vaso de buen vino

¿Quién no picotea y roba algún trozo de puerro mientras cocina o se bebe una copilla de moscatel mientras le da vueltas a la sartén? Fani, estás siendo sorprendentemente específica… Debería ser una norma que quien cocina tiene derecho a hacerlo con acompañamiento. En cuanto a la escritura, no me refiero a tener tu copa al lado del ordenador o de la libreta (que también es una opción; yo suelo tomar café). Me refiero a acompañarnos de buena literatura, de esa de la que se pueden aprender tantas cosas. Y es que ya nos lo dicen en muchos blogs y talleres: para escribir bien, hay que leer mucho. Así aprendemos e interiorizamos estructuras y técnicas narrativas y vemos de primera mano cómo otros autores ponen en práctica su estilo. De los malos libros también se puede aprender lo que no hay que hacer, que conste. Lo importante es no dejar de leer y tener un buen bagaje literario.

Escribir y cocinar

 


Hasta aquí mi aprendizaje literario-culinario. ¿Habíais pensado alguna vez en el parecido entre escritura y cocina? ¿Se os ocurren otras similitudes? No dudéis en dejar vuestro comentario más abajo.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 

 

Mis escritoras: Mary Shelley

Una de las novelas góticas y de género más conocidas es sin duda Frankenstein o el moderno Prometeo y todos conocemos la historia en mayor o menor medida gracias a las adaptaciones, retellings y demás transformaciones de la obra desde su publicación. Tras este clásico de la literatura está la escritora Mary Shelley, de cuyo nacimiento se cumplen hoy 220 años.

Vida

Mary nació un 30 de agosto de 1797 en Londres. Su madre, la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, murió después del parto y fue su padre, William Godwin, y su hermanastra, Fanny Imlay, quienes criaron a la recién nacida. El padre se casó entonces por segunda vez con Mary Jane Clairmont. En ausencia de su madre, Godwin se encargó de la amplia educación de Mary y le permitió leer sus libros y estar con los amigos intelectuales que lo visitaban, entre ellos el vicepresidente de los Estados Unidos, Aaron Burr.

Aaron Burr
Mary was in the room where it happened.

Esa educación, en su mayoría no formal, permitió a Mary distinguirse a temprana edad como una mujer de mente activa y adelantada. Con apenas 17 años, conoció a Percy Bysshe Shelley, el cual pretendía encargarse de las deudas de Godwin, y comenzó un romance con él. No obstante, Percy no pudo cumplir su promesa, lo que hizo que Godwin se sintiera traicionado, por lo que la relación entre Mary y Percy pasó a la clandestinidad. La pareja viajó con la hermanastra de Mary, Claire Clairmont, a Francia y a su regreso, su situación económica empeoró y la primera hija de la pareja murió a los pocos meses. Poco tiempo después, Mary volvió a quedarse embarazada y dio a luz a su hijo William.

Meses después del nacimiento de su hijo, Mary y Percy viajaron a Suiza con su amigo Lord Byron donde, por las noches, se entretenían contándose historias de fantasmas. Lord Byron les propuso entonces que cada uno se inventara una y así fue como Mary Shelley comenzó la escritura de la que sería su obra más conocida: Frankenstein o el moderno Prometeo.

Mary Shelley sufrió muchos contratiempos en su vida, la mayoría relacionados con la muerte de algún ser querido, entre ellos, su hermanastra Fanny Imlay, tres de sus hijos, un aborto y también la muerte de Percy. Cuando este falleció, regresó a Inglaterra, donde continuó escribiendo y siguió los pasos feministas de su madre. Ayudó a muchas mujeres que se veían marginadas por la sociedad como, por ejemplo, su amiga Isabel Robinson y su amante Mary Diana Dods, a quienes consiguió pasaportes falsos para que pudieran vivir juntas como marido y mujer en Francia.

Shelley murió con cincuenta y tres años de un tumor cerebral y fue enterrada junto a sus padres y las cenizas del corazón de Percy Shelley en la iglesia de San Pedro de Bournemouth.

Frankestein o el moderno Prometeo (1818)

La obra está narrada en forma de epístola que el capitán Walton le envía a su hermana Margaret durante una expedición al Polo Norte, donde, tras ver un trineo conducido por una enorme y extraña figura, rescatan al profesor Víctor Frankenstein. Frankenstein relata entonces su historia, desde su infancia feliz hasta sus años en la universidad de Ingolstadt, donde progresa en sus conocimientos sobre diversas ciencias y el dudoso arte de devolver la vida a la materia muerta. Entonces decide crear un hombre, juntando diversas partes, y otorgarle vida. Ya sabréis cómo acaba el asunto, Frankenstein crea el ya famoso monstruo que acabó llevándolo por una espiral de desesperación y enfermedad.

Monstruo de Frankestein
Esta imagen del monstruo es la que se nos viene a la cabeza.  

No me detendré mucho en el argumento, pues es bastante conocido, aunque la imagen que tenemos del monstruo gracias al cine es ligeramente diferente a la de la novela de Shelley: no se hace mención de que Frankenstein lo creara usando electricidad y su aspecto físico es bastante más desagradable a como suele ser representado en la gran pantalla.

Penny Dreadful
El monstruo se llamaba John Clare en la serie ‘Penny Dreadful’.

Un elemento muy frecuente en muchas obras de ficción del s. XIX (y de otros siglos, incluido el XX y el XXI, aunque en menor medida) es la asociación fealdad-maldad. La presentación de los personajes como feos, con deformidades físicas o con aspecto descuidado y sucio nos advertía ya de antemano de que nos encontrábamos ante personas de malas intenciones, de alma impura y, casi siempre, los principales antagonistas de los héroes de la historia. Tenemos muchos ejemplos de esto en la literatura, como Mr. Hyde de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, Fagin y Artful Dodger de Oliver Twist, Erik de El fantasma de la ópera o la Celestina. En Frankenstein, vemos esta característica llevada al extremo: el monstruo, caracterizado como tal, comete muchas atrocidades a lo largo de la novela. El doctor reniega de él al ver que no le ha salido como tenía previsto, pues siente miedo de su aspecto, que asocia inmediatamente con fealdad de espíritu. Para mí, Victor Frankenstein representa la percepción determinista de los prejuicios, el rechazo a lo desconocido, la falta de intención por conocerlo y la elusión de las responsabilidades.

La diferencia entre el monstruo de Frankenstein y los ejemplos que he puesto antes de fealdad-maldad es que conocemos la versión de la otra parte. En la novela se nos narran los hechos también desde la perspectiva del monstruo y es entonces cuando conocemos sus motivaciones y ese lado más humano que creíamos que no tenía al ver solo la postura del doctor Frankenstein. Gracias al relato del monstruo, sabemos que fue abandonado a su suerte, sin ayuda ni cariño en un mundo donde, como hizo su propio creador, todos lo rechazaban por su aspecto. La falta de guía sobre cómo desenvolverse en el mundo lo llevó a buscarse las habichuelas, recurrir a métodos poco ortodoxos y, en última instancia, a vengarse por la negligencia de su creador. El monstruo llegó a experimentar una soledad y desolación extremas que no conseguía superar y que lo corrompieron poco a poco.

“Satán tiene sus compañeros, otros diablos, para admirarle y darle coraje, pero yo estoy solo y soy aborrecido.”

Esta cita es, por sí sola, fulminante: el mismo diablo parece tener más derecho a la compañía de otros que el monstruo de Frankenstein, que tan solo ha tenido la mala suerte de ser feo y abandonado.

Su creador, por otra parte, se creía un dios capaz de todo, hasta de dar vida a la materia muerta, pero no quiso hacerse cargo de su obra cuando vio que no salió como él había planeado. Eso fue lo que desencadenó todo lo que después le ocurrió y lo que llevó al doctor a la decadencia. Quizá el abandono de Frankenstein sin dar una oportunidad fue el acto más despiadado en la obra de Shelley (los asesinatos también, pero ya me entendéis). Y es una enseñanza que también se puede extrapolar a otras situaciones cotidianas: desde hacernos responsables de nuestras palabras hasta, por ejemplo, ser responsables de nuestros hijos y su apropiada educación. En definitiva, la obra de Shelley, con una premisa tan sencilla, se presta a muchas y muy ricas interpretaciones.

 


 

Y hasta aquí el post de hoy. ¿Habéis leído este clásico de la literatura? ¿Conocéis otras obras de Mary Shelley? No dudéis en comentar.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

Relato corto

Relato: ‘Brindis’

Si echaba la vista atrás no sabría decir en qué momento me empecé a fijar en ella. Porque todo me vino de repente, como el soplo del viento que te vuela el pañuelo en un instante y hace que tengas que correr para recuperarlo. Un momento desapercibida y al siguiente ya ha sucedido todo. Las luces tenues del restaurante, la silueta de la ciudad bajo el manto de la noche detrás de nuestra mesa, la carne en su punto, la música y el vino. Si echaba la vista atrás nunca hubiera imaginado que acabaría en uno de los mejores restaurantes de la ciudad con aquella mujer espectacular que era Verónica. Y allí estábamos, cenando y hablando de todo y de nada, como dos enamoradas que por primera vez pueden disfrutar la una de la otra. Porque, en efecto, era nuestra primera cita y por primera vez era ella la que parecía nerviosa delante de la otra.

Cuando nos conocimos, yo acababa de entrar en la empresa con un contrato de formación y ella era directora de sección. Fue su sencillez en los gestos y su sencillez al hablar a sus empleados lo primero en lo que me fijé cuando la vi. Después, fue la forma de atravesarme con aquella mirada suya, tan calmada y transparente, la que hacía que cada músculo de mi cuerpo quedara helado de emoción, ardiendo de excitación.

Con ella todo era contrastes: una mirada seria, una sonrisa cercana, un cumplido verbal, un gesto distante, una objeción, un apretón de manos cálido y reconfortante. Era un juego de sentimientos, un vals de complicidades que danzábamos desde hacía algo más de tres meses. La copa ya estaba entre mis dedos pocos segundos después de proponer un brindis. Todo parecía estar coreografiado para ese sencillo momento que se avecinaba: el choque de los cristales tan simbólico y metafórico que nos adentraba en un ritual especial, destinado a acercarnos cada vez más. Aquella coreografía, aquel vals  iba llegando a su crescendo: de reojo veía la ciudad iluminada, añadiendo una tonalidad más fría que contrastaba con las lámparas del local. Ella sonreía con esa sonrisa reservada a pocas personas y ajena a la cordialidad requerida para su puesto, con el rojo de su pintalabios de marca y la curvatura de sus labios, tentadora, pícara. Yo era la única espectadora de ese opus compuesto para orquesta sinfónica. Porque cuanto más me fijaba en ella durante ese breve momento en que empezamos a alzar las copas, más me daba cuenta de que toda ella era como música clásica: solo pocos afortunados pueden estremecerse con su compás.

Hasta en la azotea de ese restaurante estábamos rodeadas de música; el violinista tocaba el aria de Je crois entendre encore de Bizet y el aire cambiaba de densidad en el momento álgido en el que Nadir, lleno de éxtasis divino, cree volver a ver a su amada y en el que nuestras manos ya estaban a media altura, cerca de la colisión final. Como parte de aquella pieza musical, la luz atravesaba el vino de nuestras copas. Era tinto, áspero en el paladar y con regusto a madera, justo como había comentado un día en la oficina que me gustaban los vinos. No había esperado que recordara aquel detalle, pero ahora me daba cuenta de que ella no solo miraba con intensidad abrumadora, sino que escuchaba con la calidez y la atención de alguien que está interesado en entrar en tu corazón. El mío estaba nervioso porque aquel sencillo gesto, que hacen dos personas felices que deciden brindar por algo, significaba todo un mundo para nosotras, una cascada de eventos que nos arrasaba y nos hacía caer a un vacío incierto, vasto, abrumador. Un espacio en el que flotábamos la una alrededor de la otra, Como dos astros en el espacio que gravitan atraídas por una fuerza indestructible. Adónde nos llevaba ese brindis era algo que yo no sabía, pero estaba deseosa de averiguarlo. La música, el ruido de nuestro alrededor y todos los sonidos del mundo parecieron callarse para dejar paso a ese leve murmullo que hicieron nuestras copas al chocar. Chin.

***

Chin. Y por nosotras. Por los hoyuelos que le salen cuando sonríe y la forma en la que sus ojos se arrugan, como los pliegues de unas sábanas en una perezosa mañana de domingo. Aún ahora hay veces que me pregunto qué pensarían mis amigas o mis padres si supieran que he roto mis dos reglas de oro: no enamorarme de una empleada y no enamorarme de una chica mucho más joven que yo. Y aquí estoy, colmándome de gloria con una empleada mucho menor que yo. Y qué oportuno que se llame Gloria. Colmándome de Gloria.

Gloria de día es sutil, es jovial, es tímida. Una timidez que raya lo virginal, lo artístico. Es un cuadro barroco, es imaginación, es naturalismo, es libertad. Gloria de noche es misterio, es incertidumbre, es un río de apariencia tranquila y remolinos en su profundidad, un firmamento en el que hay que unir las estrellas como si fueran puntos que forman un dibujo. Con la copa a medio camino de vuelta, la miro y ella me mantiene la mirada y sus ojos reflejan las luces de las lámparas. E incluso aunque no hubiera lámparas, alumbrarían la mesa, el restaurante, la ciudad. No es solo barroca, también tiene algo de art nouveau. Es como si estuviera hecha para dejar pasar la luz.

Es un segundo tan solo, pero acercar la copa a mi boca me da miedo por si en un breve parpadeo la pierdo de vista. Porque ella es un río y no se nada dos veces en las mismas aguas.

El filo de la copa esta ligeramente frío pero el vino calienta mi lengua. Tinto, áspero y con regusto a madera, como ella dijo que le gustaban. ¿Qué otra forma tengo de decirle que me gusta escucharla? Hacerlo con palabras sería malgastarlas, darles una labor indigna. Mírala, sus mejillas se han sonrojado al probar el vino y ha cerrado los ojos. Las sabanas se han plegado de nuevo.

Es curiosa la sensación posterior a un brindis. Es como un pacto entre dos partes y la satisfacción que otorga el entendimiento aún se puede paladear, sentir palpitante en los dedos. Con ese sencillo choque de copas se inicia una etapa. Y yo no lo llamaría choque, eso implica violencia, contraposición; es más como un beso de cristal, premonitorio de otros que vendrán.

Ya habíamos dejado el vaso en la mesa, ya habíamos concluido el rito de paso hacia un futuro misterioso pero prometedor. Tengo miedo a lo que tiene que venir, como una niña pequeña cuando empieza el colegio por primera vez y debe separarse de su madre. Pero sus ojos hacen que una burbuja invisible me cubra y me proteja de todo lo malo. ¡Cómo me gustan sus ojos verdes! ¡Y cómo dejan pasar la luz hasta atravesarme el corazón! Hasta siento todavía el eco del cristal en las yemas de mis dedos, como si supieran que los de Gloria estaban al otro lado, expectantes. Como ahora, que reposan a milímetros de los míos y me hacen temblar de anticipación. Un pequeño movimiento y nuestros dedos de cristal también se besarán. Un pequeño movimiento y nuestros cuerpos también brindarán. Chin.

Relato corto
Vía Jenny Ondioline

Espero que os haya gustado el relato. Un descanso de las entradas corrientes viene bien de vez en cuando.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 


La foto de portada pertenece a rpphotos (licencia Creative Commons)

Escribir ciencia ficción

Dime cómo escribes ciencia ficción y te diré cómo eres

Hace un par de semanas, mis amigos y yo tuvimos sesión de cine de ciencia ficción. Una de las películas que vimos fue Blade Runner, algunos para recordar, otros por primera vez. Una de las cosas que más nos chocó, tanto a quienes la veíamos de nuevo como a quienes no, es que se ambientaba en 2019. Vamos, dentro de un par de años, que se dice pronto. La película se estrenó en 1982, es decir 37 años antes del futuro ficticio que se plantea, y la novela de Phillip K. Dick se publicó en 1968 y se ambienta en 1992, con una diferencia de 24 años. ¿No os resulta interesante ver cómo se imaginaban hace años el futuro y comprobar qué cosas se han cumplido y cuales siguen siendo pura imaginación?

La ciencia ficción siempre ha mirado al futuro y se lo ha imaginado de muchísimas formas diferentes. Hemos llegado a esos años en que se ambientan la mayoría de los clásicos de la ciencia ficción, tanto en el cine como en literatura. Ya llegamos al s. XXI y vimos que todavía no podíamos ir a Júpiter como en 2001: Odisea en el espacio; ahora, volviendo a Blade Runner la película, comprobamos que esta estaba muy lejos de lo que es ahora el mundo.

 

 

Blade Runner
Estamos en el 2017 y ni hay coches voladores ni sigue existiendo la Pan Am.

 

Una obra de ciencia ficción nos dice muchísimo de sus creadores: nos da información sobre cómo conciben el mundo en el presente, sobre su capacidad de análisis y predicción de sucesos, y sobre la confianza que tienen en el ser humano para conseguir los avances que presentan en su ficción.

Cómo percibes tu presente

La ciencia ficción no solo mira al futuro, sino que también es una vía de crítica social para los escritores. Sí, también podemos escribir una space opera por puro entretenimiento, pero hasta la historia que parezca menos comprometida tiene cierto tono de crítica. Solo tenemos que echar un vistazo a los temas y las premisas de nuestras novelas y películas favoritas: distopías sobre gobiernos autoritarios; utopías donde todo es maravillo, pero siempre hay algo oculto; historias sobre la vida en la Tierra post-apocalíptica tras guerras nucleares o sobre exilios espaciales tras desastres naturales provocados por el cambio climático y la falta de recursos, etc. Creamos una historia y un escenario en el que plasmamos nuestras preocupaciones relacionadas con el mundo y la sociedad en que vivimos y advertimos de las consecuencias que creemos que pasarán si ese escenario se cumple. En ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Phillip K. Dick nos presenta una Tierra que ha sido azotada por la guerra nuclear, lo cual tiene sentido si la situamos en el contexto de la Guerra Fría. Por otra parte, las alucinaciones y confusiones entre realidad e ilusión que solía tener el escritor en su vida real y que están tan presentes en sus novelas también las vemos en esta. Incluso en la película se deja intuir que Deckard puede ser un replicante.

Are you a replicant
Si tenéis vuestras dudas, podéis hacer el test Voight-Kampff aquí (en inglés).

También podemos tomar como ejemplo 1984 de George Orwell, escrita en 1948 (lo cual es una pena, porque esta novela iba directa para mi lista de clásicos) y ambientada en el mismo año del título. En esta novela, Orwell nos muestra todos sus miedos con respecto al mundo que le tocó vivir y que vaticinaba que se seguirían cumpliendo 36 años después. Estos temores nacieron sobre todo de lo que vivió en la Guerra Civil Española, donde luchó junto al bando republicano. Lo que él plasmó en su obra maestra no se aleja mucho de lo que pasaba por aquel entonces, pero tampoco se aleja de lo que sucede ahora.

 

George Orwell 1984
Y esto no es ná.

Y es que, en general, escribimos de lo que nos preocupa y la ciencia ficción se presta a que llevemos nuestras preocupaciones al extremo para que hagamos reflexionar a los lectores. Por ejemplo, en Nivel 10 trato, principalmente, de la represión y estigmatización hacia la comunidad LGBT+ porque es un tema que, como ya sabréis, me toca personalmente y me preocupa que, a pesar de los avances, sigamos viviendo ciertos retrocesos en algunos aspectos y países, como Estados Unidos, desde que cierto energúmeno accedió a la presidencia.

Capacidad de predicción

Conocer bien un comportamiento lo hace (en gran parte) predecible. Es una premisa en Psicología y en otras muchas ciencias. Esto también se puede aplicar a la ciencia ficción: conocer mucho un tema nos da una perspectiva diferente de quien solo sabe un poquito, y nos permite intuir cómo progresará, lo cual nos viene de perlas para crear nuestro futuro ficticio. Pensad en los expertos en economía que predijeron las consecuencias de la burbuja inmobiliaria, la crisis que tenemos ahora, etc. mucho antes de que sucedieran. Igualmente, alguien que tenga una carrera de, por ejemplo, biología, física o ingeniería aeronáutica estará al tanto de los últimos avances y tendrá más capacidad para determinar si los que plantea en su historia son factibles en el futuro y, quién sabe, quizá acabe en algún artículo de Buzzfeed sobre novelas de cifi que predijeron el futuro (como los Simpsons).

No sé si os pasará como a mí, pero cuando estoy leyendo o viendo, por ejemplo, una distopía, me gusta tener la sensación de que aquello que me presentan puede pasar en un futuro me ayuda a meterme en la historia. Quizá por eso me gusta tanto la serie Black Mirror, porque es tan sorprendentemente verosímil, que da miedo ver un capítulo y pensar que estamos a un simple avance tecnológico de que nos pasen esas cosas.

No podía elegir solo un capítulo, ¿se nota?

Eso no significa que no disfrute con otras historias menos plausibles, pero la credibilidad le suma puntos. Los aciertos  o fallos de nuestras predicciones probablemente no lleguemos a verlos y sean las generaciones venideras las que, al leer nuestras obras, se sorprendan por lo mucho que nos acercamos o se rían por lo disparatado de nuestros vaticinios.

Y no solo me refiero a avances tecnológicos, sino también a los sociales, la chicha de muchas de las novelas. Si habéis leído El cuento de la criada, de Margaret Atwood, sabréis que, de avances tecnológicos se habla más bien poco. Todo lo contrario, se regresa a los valores tradicionales cristianos y eso incluye también la tecnología. La obra de Atwood profundiza más en el cambio social, en el adoctrinamiento moral, en la humillación de la mujer, en su encarcelamiento psicológico y desposeimiento de sus libertades. La sociedad que ella imaginó, aunque parezca extrema, tampoco se aleja mucho de nuestro presente y menos con el auge de las derechas en muchos países.

El cuento de la criada

Confianza en los avances tecnológicos

Todos nos imaginamos el futuro de una manera, nos imaginamos los nuevos artilugios que habrán inventado, si los coches volarán o no, si ya existirá un servicio de teletransporte que te deje en tu cama un sábado por la noche, etc.

Futurama
Esto también me vale.

Pero la gran pregunta es: ¿Cuándo pasará todo esto? ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar? De ahí el recuento que hacía al principio de este post. Phillip K. Dick decidió que, desde su presente (los sesenta) a la época de su ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (los noventa), la humanidad sería capaz de avanzar tanto como para tener androides que pudieran pasar por humanos y que nos veríamos en la necesidad de tener animales eléctricos y colonias espaciales a causa de una guerra nuclear. Como ya he dicho, echando un vistazo a su contexto, es normal que muchas obras de ciencia ficción escritas durante la Guerra Fría surjan de la premisa de que, finalmente, una guerra nuclear dejó la Tierra, si no completamente destruida, sí en muy mal estado; resultaba un peligro inminente.

Apocalipsis

Cuando empecé a escribir Nivel 10, me costó decidirme por el año en el que tendría lugar la trama. En el caso de mi novela, se trata de un mundo diferente al nuestro, por lo que su evolución podría no ser la misma que la de la Tierra; no obstante, decidí que fuese más o menos paralela y que el ‘Mundo Antiguo’ del que hablo en la historia fuese, en esencia, nuestro presente. Teniendo en cuenta esto, intenté imaginarme cuándo sería factible ver los avances que planteo en la novela y decidí que el año 2094 podría ser una buena fecha. Dentro de 77 años os cuento qué tal.

En definitiva…

La ciencia ficción nos permite dar rienda suelta a nuestra imaginación, pero sobre todo nos permite expresar nuestras inquietudes sobre el futuro que nos está esperando. Y no hay nada que hable mejor de nosotros mismos que nuestro miedo a la incertidumbre y cómo la abordamos.


 

Y hasta aquí mi reflexión. Contadme, ¿estáis de acuerdo? Si queréis añadir o debatir cualquier punto, no dudéis en dejarme un comentario y, si escribís ciencia ficción, sed libres de compartir vuestras inquietudes y si coincidís conmigo o no.

Un saludo y que la literatura os acompañe.