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de dónde viene la inspiración

¡Musas! ¿Musas? O de dónde vienen realmente

Tengo la teoría (hipótesis, si nos ponemos estrictamente científicos) de que el cerebro es una batidora. La metáfora del músculo que hay que entrenar no me gusta mucho y menos para usarlo en el sentido de la creación artística. ¿Por qué, entonces, una batidora? Veréis, en una batidora podemos meter cualquier ingrediente y, tras un procesado, sale otro producto diferente. Según qué ingredientes metamos, nos saldrá un puré, un batido, una salsa, etc. Tenemos muchas combinaciones posibles, tanto en tipo como en cantidad de ingredientes que echamos para que tenga un sabor más fuerte o más suave. ¿Entendéis por dónde voy? Nuestro cerebro es un vaso con cuchillas deseoso de estímulos para trabajar y darnos a cambio un delicioso batido artístico.

inspiración para escribir
Imagen por resonancia magnética funcional de un cerebro humano de artista

No hace mucho, Gabriella Campbell preguntó en su página de Facebook qué era lo que nos inspiraba para escribir y después hizo una recopilación de todas nuestras respuestas para uno de sus posts. Mucha gente hablaba de viajar, de la música, de la tele, de los sueños, etc. y me di cuenta de que todo esto tenía algo en común: el factor de la novedad.

Os voy a plantear un escenario de ciencia ficción distópica:

Imaginaos una vida monótona, sin ningún tipo de distracción, en la que las personas solo hacen lo que están programadas para hacer y no se salen de sus papeles. Levantarse, ir a trabajar, cuidar la casa, dormir. No hay distracciones ni entretenimiento, tan solo tareas repetitivas en bucle infinito.

¿Creéis que es un ambiente que favorece el surgimiento del arte o la cultura? En efecto, no lo es. Porque para producir algo, hace falta materia prima y la materia prima del cerebro son los estímulos.

Cualquier cosa que hagamos estará estimulando nuestro cerebro. Pero hay diferentes niveles de estimulación:

  • Una actividad que nunca hemos hecho desencadena una reacción sináptica mucho más potente. A mayor novedad, más tienen que trabajar nuestras neuronas (sobre todo en el córtex frontal, encargado de las habilidades cognitivas superiores) para procesarla y asimilarla.
  • Una actividad que hacemos a diario, en cambio, por un proceso de habituación y aprendizaje, no provoca las mismas respuestas y nuestro cerebro la asimila como aprendida, por lo que pasa a procesarse en otras regiones más ventrales y mediales (más cercanas al tronco encefálico y más internas, respectivamente). Esto significa que, una vez aprendida una actividad, se automatiza para ahorrar energía y así poder seguir con actividades que no dominamos.

Aquí tenemos un espectro de implicación de diferentes zonas cerebrales que nos ayuda a entender, por ejemplo, por qué cuando aprendemos a conducir, nos parece una tarea hercúlea, pero una vez que llevamos tiempo conduciendo, ya ni nos damos cuenta (yo qué sé, ni siquiera tengo carnet de conducir, pero eso dicen, ¿no?).

de dónde viene la inspiración
Está todo controlado.

Con nuestro día a día pasa algo parecido. Ver una película nueva, leer un libro, pintar un cuadro, tener una conversación con alguien en el supermercado o, incluso, cambiar tu ruta de casa al trabajo/lugar de estudio/destino cualquiera y viceversa, está haciendo que nuestro cerebro active esa zona que se encarga de las actividades nuevas.

Bien, esto parece que ya está claro: hacer cosas nuevas o poco comunes en nuestra vida hace que nuestro cerebro trabaje de forma diferente a cuando hacemos una tarea que nos sabemos de pé a pá. Entonces, ¿qué tiene que ver esto con la producción artística?

En Psicología se suele estudiar un experimento muy famoso de Wolfgang Köhler y su mujer Eva, que pusieron a un chimpancé en una jaula con un plátano colgado e inalcanzable y varias cajas esparcidas por la jaula. En un principio, el chimpancé no conseguía coger el plátano, pero tras un tiempo, apiló varias cajas y trepó por ellas para poder hacerse el ansiado premio. Es lo que se conoce en Psicología como insight. Es también lo mismo que le sucedió a Arquímedes cuando resolvió el problema de la corona de oro de Hierón II y salió desnudo de su baño gritando ‘¡Eureka!’.

Fani, ¿me estás queriendo decir que entonces los chimpancés y Arquímedes son igual de listos?

No exactamente. Y aquí vuelvo de nuevo al terreno de la hipótesis. Como ya os he comentado antes, el cerebro emplea unas áreas diferentes cuando ya ha aprendido una tarea y estas áreas son filogenéticamente más primitivas que la corteza frontal (la que nos caracteriza como homo sapiens, entre otras cosas). Estas zonas más primitivas de nuestro cerebro se parecen más a las de los chimpancés. Entonces, la conclusión que se puede sacar (y repito, es solo una hipótesis) es que en la resolución de problemas, esas áreas más escondidas juegan un papel bastante apañado.

Esto me lleva de nuevo a Aquímedes; a Einstein, cuando se le ocurrió la teoría de a relatividad mientras trabajaba en su aburrido trabajo en patentes; a August Kekulé, que descubrió la estructura molecular del benceno tras un sueño con una serpiente que se mordía la cola; y a otras mucha personas que consiguieron descifrar algún acertijo mientras no pensaban en ello.

de donde viene la inspiración
Algo así me imagino yo el sueño de Kekulé

La hipótesis que os he comentado antes (la del cerebro primitivo, no la del cerebro-batidora) tiene cierto apoyo en los estudios sobre cognición inconsciente. No se trata del mismo inconsciente de Freud o de sus seguidores psicoanalistas, sino que es un concepto más bien perceptivo y neuropsicológico. En resumidas cuentas, nuestro cerebro también procesa información de diferentes modalidades sin que nos demos cuenta de ello. Se ha estudiado mucho el papel de esta cognición inconsciente en la resolución de problemas y parece que, aunque no sea tan importante como la consciente, sí que ayuda bastante. Además, no solo se ha estudiado en el ámbito de la resolución de problemas, sino también a nivel conductual y en el famoso ‘Neuromarketing’. ¿Os habéis preguntado por qué en muchos supermercados ponen la panadería cerca de la entrada? O ¿por qué la nueva colección suele ponerse o bien a la derecha o bien al principio de muchas tiendas de ropa y las rebajas siempre al fondo o incluso en la planta de arriba? Estas decisiones se basan en el supuesto de que el exponernos al delicioso olor de la panadería o el obligarnos a ver de pasada las nuevas tendencias nos hará pararnos y considerar comprar algo a pesar de que no íbamos con esa intención.

No sé si veis por dónde voy. Pero, en esencia, lo que quiero deciros es que nuestro cerebro trabaja a varios niveles y a veces los altos cargos (las cortezas, sobre todo la frontal) muchas veces no se enteran de lo que sucede entre sus empleados y operarios (las regiones más internas), pero la cosa es que luego la empresa funciona y sigue adelante porque los empleados saben sacarles las castañas del fuego.

Vale, creo que ya he acabado la parte teórica. Ahora toca la práctica, la que nos interesa de verdad. Como decía al principio, cualquier estímulo novedoso que entre en nuestro cerebro va a provocar que este trabaje de lo lindo hasta que se acostumbre a él y ya pueda ‘entrar en plantilla con el resto de empleados’ y utilizarse en un futuro para la resolución de problemas inconsciente.

Cuando estamos atascados con una historia, siempre suelen recomendarnos que le demos un respiro, que trabajemos en otro relato e incuso que nos alejemos del género que estemos escribiendo. Pues esto tiene que ver con lo que he dicho: las cortezas trabajan muy bien, pero también se saturan y deben descansar. Una vez que descansan (y descansar puede significar también encargarse de otra cosa),  ese ‘problema’ que teníamos pasa a manos de las regiones más primitivas, las cuales reorganizan la información a sus anchas hasta darle un sentido que nos sirva.

Pensad en un momento de vuestra carrera literaria en que, de repente, sin habéroslo propuesto, hayáis dado con la idea clave para continuar vuestra historia. ¿Recordáis qué estabais haciendo? Por ejemplo, a mí me ha pillado leyendo, limpiando, escuchando música… Pero casi nunca escribiendo esa historia que tenía atascada.

Por eso debemos descansar nuestra mente de las historias que nos tienen tirándonos de los pelos. Y por eso tenemos también que hacer actividades novedosas, para poder darle a nuestro cerebro herramientas para cuando esté en modo ‘descanso’.

No tenemos que irnos a la Conchinchina (pero que si nos vamos, tampoco pasa nada, eh, yo encantada), a veces, a nuestro cerebro le basta con un pequeño cambio. En Almería hay una calle que se llama Quinto Pino; siempre la había visto, pero nunca me había metido por ella. Un día lo hice y, bueno, fue casi como entrar en Narnia, pero al menos mi cerebro me lo agradeció y mucho.

Podéis viajar, admirar el paisaje como si fuera la primera vez que lo hacéis, escuchar conversaciones en el transporte público, tener esas conversaciones con desconocidos, probar otra rama artística como pintar, bailar o esculpir, hacer deporte, cocinar nuevas recetas, leer géneros que nunca hayáis leído o jugar a juegos de mesa.

A veces, cuando estás haciendo un batido de chocolate y quieres innovar solo tienes que añadir algún ingrediente que le dé ese toque especial.

de dónde viene la inspiración
¿Qué hay más especial que esto?

La cuestión es vivir y guardar experiencias, porque estas no solo pueden servirnos como fundamento para nuestras historias (describir paisajes, emociones, sensaciones, etc.), sino que, sin darnos cuenta, estaremos gestando futuras ideas que nos llegarán en forma de musas.


Y hasta aquí mi pequeña hipótesis sobre la inspiración. ¿Cómo se presentan vuestras musas? ¿Os habéis parado a pensar en esto de la novedad? Cualquier comentario que tengáis, no dudéis en dejarlo aquí abajo.

Un saludo y que la literatura os acompañe.


Imagen de portada extraída de Pinterest

Bury my gays

Hace cerca de dos años y medio que se me ocurrió la idea de la novela que estoy escribiendo ahora. Tenía escenas muy claras desde el principio y hasta ya las tengo escritas. Estaba muy contenta con esas escenas y con las ideas que se me iban ocurriendo.

Aviso a navegantes: esta entrada contiene spoilers de The 100, Lost Girl, The L Word y The Handmaid’s Tale (la serie)

Fin del aviso

Hasta que Lexa murió. El capítulo 3×07 de The 100 supuso un mazazo muy grande para las fans de la comandante y, más concretamente, para sus fans lesbianas.

Si ya había visto morir a otras lesbianas en series, ¿por qué me indignaba tanto la muerte de Lexa? ¿Por qué nos indignaba tanto? Si conocéis y habéis visto la serie, supongo que coincidiréis conmigo en que era (hablo en pasado porque ya no la veo) una serie muy buena de ciencia ficción y que, gracias a Lexa y Clarke, teníamos a dos personajes femeninos complejos, fuertes, líderes de sus respectivos grupos y, además, LGTB+. No solo eso, sino que su salida del armario había sido de lo más normal y nos demostraba que en el universo de The 100, la homosexualidad estaba aceptada. Así, sin más.

Tras la muerte de Lexa, hubo un gran revuelo entre las fans que dio como resultado, entre otras cosas, que la serie perdiera espectadores, que el creador, Jason Rothenberg, perdiera seguidores en Twitter estrepitosamente, y que se creara el movimiento We Deserve Better (‘Nos merecemos algo mejor’), con el cual, no solo se consiguió reunir las quejas de miles de fans cansados de esta epidemia de muertes de personajes LGBT+ en la ficción, sino que se recaudaron fondos para The Trevor Project (una asociación que da apoyo a jóvenes LGBT+ en riesgo de suicidio y discriminación) y hasta se creó la Clexacon, una convención similar a la Comic Con, pero exclusivamente con personajes lésbicos. No tengo el recuerdo de que una muerte ficticia haya provocado tal revuelo y tales iniciativas, pero eso tan solo me deja clara una cosa: la bomba había estallado.

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Por esa época leí muchos artículos y comentarios por las redes sociales sobre el ‘bury your gays’ (‘entierra a tus gays’) y pensaba: ‘¿por qué me indigno si yo misma tengo escrita la muerte de una de las lesbianas de mi historia?’. Y, efectivamente, esa trama era una de las más importantes de mi historia y esa muerte daba el último empujón y servía de motivación a la protagonista para continuar. Seguí manteniendo la muerte a pesar de todo, solo que entonces me empecé a plantear varias cosas.

Si mi personaje LGBT+ muere solo porque me estorba para la trama (sobre todo la trama heterosexual), ¿se puede perdonar? Aquí la respuesta, para mí, está mucho más clara, sobre todo para fans LGBT+. De hecho, esto es lo que me deja mayor sensación de frustración y desolación, no sé si os pasará también a vosotros/as.

Si la trama lo requiere, ¿se puede perdonar la muerte de un personaje LGBT+? Vuelvo con el tema Lexa. En The 100, una serie basada en una Tierra post-apocalíptica, donde el principal objetivo es sobrevivir a los peligros de la Tierra, muchos personajes murieron en las dos temporadas y media que yo vi. Era algo normal e, incluso esperable. La muerte de Lexa, además, nos permitía descubrir qué había pasado tiempo atrás y cómo funcionaba realmente la elección de las comandantes de su clan. Si no hubiera muerto, no lo habríamos sabido o, al menos, tendríamos que haber esperado a otro momento en que los guionistas decidieran darnos esa información. Pero eso ya no lo sabremos.

Si hay una buena representación LGBT+ en la historia, ¿se puede perdonar la muerte de uno de sus personajes? Con Dana Fairbanks (The L Word) y Tamsin (Lost Girl) pasaba algo parecido. The L Word era una serie en la que el 90% de los personajes eran LGBT+, por lo tanto, la muerte de Dana equivalía a la muerte de cualquier personaje hetero en cualquier otra serie; en Lost Girl, pasaba algo similar: teníamos cinco bisexuales (tres mujeres y dos hombres), una lesbiana (si contamos a su ex, que solo apareció en un par de capítulos, pues dos), es decir, que el hecho de que Tamsin muriera justo en el último capítulo no restaba representatividad.

Cada día, gracias a las redes sociales, conozco a más autores y autoras que, como yo, escriben un gran porcentaje de personajes LGBT+ en sus novelas y me pregunto si también se han planteado este dilema. En una historia con personajes cishetero, cuando alguno muere, no existe mayor problema que el de si ha muerto tu personaje favorito o no o si ha sido un buen plot twist. Sin embargo, una muerte LGBT+ suele tener una repercusión mayor entre el público LGBT+ porque favorece a la idea de que las personas LGBT+ no podemos tener un final feliz. Pero, si en nuestras historias existe una mayoría de personajes LGBT+ normalizados y bien construidos y nuestras tramas no tienen nada que ver con la orientación sexual y la identidad de género, ¿no deberíamos contemplar la muerte de uno de estos personajes como cualquier otra muerte en cualquier otra historia, sin ese miedo a traicionar a nuestros lectores LGBT+? Porque yo os aseguro que, en todo este tiempo que he estado dándole vueltas a la muerte de mi personaje, tenía esa sensación de estar traicionándome a mí misma y a todo el colectivo. Sin embargo, se trataría de una cuestión de probabilidad; si en nuestras novelas hay mayor porcentaje de personajes LGBT+, entonces es más probable que si sucede algo malo, les pase a estos personajes. ¿Nos debemos cohibir de escribir ese final trágico solo por no engrosar las estadísticas?

Yo creo en la literatura responsable, en esa que huye de clichés y acoge la diversidad en pos de la normalización, por lo que escribir una historia ‘normal’ debería pasar también por escribir una muerte si la trama lo requiere, ¿no?

Hace poco leí este recap de AfterEllen (en inglés) sobre el capítulo 1×03 de ‘The Handmaid’s Tale’ en el que arrestan a Ofglen y ejecutan a una Martha por ‘traición de género’ (vamos, por lesbiana). En el libro no sucede nada de esto e incluso las Criadas que son lesbianas no son arrestadas ni condenadas por ello mientras acaten las estrictas normas de esa sociedad; sin embargo, en la serie sí sucede. En algunos comentarios del artículo, se puede leer que es normal que en una historia ambientada en una teocracia tan severa como la de Gilead sucedan estas ejecuciones. Y tiene mucha razón. Pero luego leí otro comentario, que fue el que realmente me hizo plantearme todo este tema de nuevo: se podía haber mostrado esa severidad y esa opresión a las mujeres de otro modo, tomando otro ejemplo de las acciones que se consideran delito en Gilead, sin necesidad de añadir otro número a la preocupante estadística de muertes LGBT+. Y también tiene mucha razón.

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Ese es el motivo que me ha llevado a decirme a mí misma: ‘Fani, no mates a tu lesbiana. Busca una alternativa’.

Todas las reflexiones que tuve tras leer este artículo me han hecho darme cuenta de que el hecho de que yo escriba muchos personajes LGBT+ no significa que en el panorama literario general pase igual. La gran mayoría de lectores y espectadores LGBT+ todavía necesitamos sentirnos representados en la ficción de forma sana y exentos de ese halo de tragedia que nos suele rodear cada vez que aparecemos en escena. ¿De qué les serviría a los potenciales lectores de mi novela ‘A’ que yo escriba miles de personajes LGBT+ en las siguientes novelas ‘B’, ‘C’, ‘D’… si ya en la primera les doy esa puñalada trapera?

Así que aquí estoy, quebrándome la cabeza para ver qué motivación le doy a la protagonista de mi historia ahora que su novia ya no va a morir. Esta decisión me está desbarajustando los planes pero también me supone un reto que me apetece superar.

Eso sí, aunque me gusta mezclar la planificación e improvisación y soy escritora de brújula y mapa, ahora con este cambio de planes me siento escritora John Travolta:

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¿Vosotros/as qué opináis? ¿Habéis tenido también este dilema quienes escribís personajes LGBT+?

No dudéis en comentar sobre este tema, porque da para largo.

Un saludo y que la literatura os acompañe.


Imagen de portada extraída de WeDeserveBetter.com

¿Hay esperanza para la literatura?

¿Os habéis preguntado alguna vez de qué hablarán, dentro de unas décadas o incluso dentro de un siglo, los libros de texto de literatura? Es una duda que me llevo planteando desde hace unos años, pero ha sido estos últimos días en los que he vuelto a darle vueltas a este asunto. Recuerdo que escribí un fanfic hace unos años en el que una de las protagonistas le contaba a la otra que estaba haciendo un trabajo sobre por qué ya no había clásicos de la literatura como antes.

Esta reflexión surgió de nuevo hace poco, cuando conversaba con el novio de una amiga sobre literatura y unos días más tarde cuando le daba clases particulares a mi alumno y nos tocaba el tema del Quijote. Me explico: en nuestra época de instituto (y también universitaria para quien haya estudiado alguna filología o carrera de Humanidades), veíamos en nuestros libros de texto una serie de novelas clásicas que eran indiscutibles. Podían gustarte más o menos, pero esas novelas habían alcanzado del estatus de ‘clásico de la literatura’, tanto universal como española, por diversos motivos. Si nos preguntan cuáles son estas novelas, no dudamos en dar varios nombres y nuestras respuestas serán muy similares, sobre todo si nos remontamos a varios siglos atrás: El Quijote, Hamlet, La divina comedia, El Decamerón, etc.

Conforme vamos avanzando en el tiempo, el catálogo se va ampliando, pero siguen destacando ciertas obras que han quedado para la posteridad y que no se nos ocurriría negar que tienen una relevancia para la literatura contemporánea: hablamos y de títulos como Guerra y paz, Orgullo y prejuicio, El retrato de Dorian Gray, Fortunata y Jacinta, etc.

¿Qué novelas aparecerán, dentro de cincuenta o incluso cien años, en los libros de texto de Lengua y Literatura? Cuando estaba en bachillerato, los temas de literatura solían acaban en los años 50, aproximadamente. Desde esa fecha hasta dentro de unas décadas más, ¿qué novelas tendrán que aprender los futuros estudiantes?

No sé si alguien más se ha parado a pensar en el futuro de la literatura y si ha llegado a plantearse estas cuestiones y a llegar a las mismas conclusiones. Antes, cuando la oferta era escasa como pasaba siglos atrás, hacer un top 10 de mejores novelas era tarea sencilla. En la actualidad, con la proliferación de obras publicadas, tanto de manera tradicional como autopublicada, decidirse por una novela a la que clasificar como posible clásico parece trabajo de locos.

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Los grandes clásicos de la literatura están en estas típicas listas porque han roto con un modelo preestablecido, porque han tratado temas novedosos, porque han utilizado un estilo y voz narrativa sin precedentes. Ahora, la forma de valorar una novela no parece ser la misma. Influye mucho el éxito de ventas, por lo que se da una tendencia a escribir lo que la mayoría del público quiere leer y no se arriesga tanto; si nos topamos con una obra rompedora, con un estilo diferente, etc., es muy probable que no tenga la misma acogida que un best seller, entonces se queda a la sombra, poca gente la leer y no obtiene el reconocimiento que literariamente pueda merecer.

Por otro lado, estamos en un contexto sociocultural muy diferente al de hace un siglo o dos. Antes, ser una persona culta e instruida era motivo de orgullo, era una meta que conseguir. Si leemos cualquier obra de hace al menos un siglo, nos damos cuenta de que una buena instrucción se consideraba una forma de ennoblecer el espíritu. Ahora, la lectura ni se fomenta de manera adecuada ni tiene el prestigio de antaño. Solo los lectores valoramos positivamente a otra persona que lee. A esto han favorecido las nuevas alternativas de entretenimiento, véase la televisión, el cine e internet, que por lo general, proporcionan un placer momentáneo y rápido. Nuestra sociedad se está acostumbrando a esta rapidez, al ‘quiero esto y lo quiero ya’ y no solo en cuanto a entretenimiento se refiere, sino en todo. Pongo por ejemplo las terapias psicológicas: muchas personas quieren superar una situación X y la quieren ya; si su terapeuta no consigue que en dos días todo se solucione, entonces acuden a la comodiad, facilidad y rapidez de la medicación.

Video, movie, cinema concept. Retro camera, reels, clapperboard

Con esto no digo que el cine, la televisión y los contenidos de internet sean malos o que no tengan calidad, pero que me da pena escuchar frases tipo ‘¿para qué leer el libro si ya hay una película?’ es innegable. Yo estoy a favor de una buena serie o una buena película, pero ¿por qué conformarme solo con un tipo de arte cuando puedo disfrutar de todos, literatura incluida?

El contexto histórico también influye en el surgimiento de los clásicos. Ahora estamos en ‘tiempo de paz’, por decirlo de alguna manera. Muchos conflictos, según en qué país nos encontremos, nos pillan muy lejos y, aunque sintamos empatía, sigue siendo algo ajeno que no afecta directamente a nuestras vidas, además de que todo este entretenimiento rápido que tenemos a mano nos sumerge en el Mundo Feliz que tanto temía Huxley.

Por todo esto, me pregunto cuáles serán los futuros clásicos de la literatura. Estoy llena de curiosidad por saber si en un futuro aparecerá ese nuevo Quijote o ese nuevo Ulises, que renueve la literatura, o si, por lo contrario, la concepción de los clásicos está ya llegando a su fin.


¿Vosotros qué pensáis? ¿Queda espacio todavía para nuevos clásicos o ya nos tenemos que conformar con que un libro sea bueno y entretenido y ya está? No dudéis en dejar vuestra opinión en los comentarios.

Un saludo y que la literatura os acompañe.


Imagen de portada extraída de Hablandoconletras.es

Salir del armario (literario)

Cuando acabé Psicología y llegué orgullosa al trabajo, dije ‘¡Ya soy psicóloga!’. Mi jefa por aquel entonces rió, negó con la cabeza y me respondió ‘No, Fani, eres licenciada en Psicología’. Como seguramente se daría cuenta de mi cara de asombro, volvió a reír y me agarró el hombro como suele hacer cuando quiere decir ‘ya te darás cuenta’. Por aquella época no entendí a qué se refería, pero no me costó mucho darme cuenta de que tenía razón. Tenía un título, pero el epíteto ‘psicóloga’ me lo tendría que ganar con la práctica y el sufrimiento de la formación ‘a pelo’.

Algo parecido me pasa con la palabra ‘escritora’. Todavía me cuesta un triunfo hablar de mí como escritora (a pesar de que en mi página de Facebook lo indico, pero ese es ya otro tema). Sí, tengo una novela autopublicada en Amazon, pero aún desconozco cómo es el proceso de publicación de un libro en papel, desconozco cómo se organiza una presentación de una novela, ni qué se siente cuando se hace y estás tras una mesa hablando de tu historia y al otro lado hay gente escuchando. Tampoco sé qué es ir a una feria de libro como escritora, ni que alguien te pida que le firmes uno. Ni siquiera sé como es un contrato con una editorial tradicional o una empresa de autopublicación. Tan solo he colgado un archivo a una plataforma. Igual que si subo un vídeo a Youtube o una foto a Instagram. Es como el abismo de incertidumbre que aparece tras graduarse en la universidad. Incluso es parecido a sentirse un fraude.

Y decirlo a la gente de a pie, la que no está tan metida en el mundo de la literatura y la escritura, también cuesta una barbaridad. Sobre todo teniendo en cuenta lo que he dicho antes de sentirme un fraude. Además, se une el hecho de que, si no están en el meollo, no suelen entender qué es ser escritor y acabas viviendo escenas cuanto menos curiosas e, incluso, irritantes. Gabriellla Campbell ya subió una entrada en la que recopilaba anécdotas de personas que le decían a otras que eran escritores. Hasta ahora no me había pasado nada parecido, pero hace poco conocí a una chica que me pidió que yo le escribiera su historia y ya si eso le daba un pequeño porcentaje de beneficios. Me decía que ella era poco constante y en cuanto le dije que todo era ponerse, me soltó: ‘No, no, ya te lo dejo a ti’. La otra gran anécdota es la de que mi madre (que prácticamente odia los libros y, si por ella fuera, ya me los habría tirado a la basura), en cuanto se enteró de que había escrito un libro, una de las cosas que me dijo fue: ‘Escribe un libro sobre mi vida’.

Así que a veces me pregunto, ¿cómo voy a decir a la gente que soy escritora si 1) me siento un fraude y encima solo me valoras si a ti te interesa? Es un poco parecido a cuando descubres que eres lesbiana (aplíquese aquí el adjetivo correspondiente de las siglas LGTBI). A veces te sientes un fraude por no ser como la gente espera que seas o tiene una concepción totalmente errónea de ti por ello, una concepción que a ti te resulta enervante. Tu autoestima se anula un poco, porque ni tú misma sabes qué eres.

Cuando publiqué la novela en Amazon, al poco tiempo hice una visita a mi antiguo trabajo, para ver a mis antiguos usuarios y a mis compañeras, y le comenté a una de ellas y a mi jefa (ambas lesbianas) que me costaba más decir que soy escritora que salir del armario. Mi compañera se sorprendió, pero mi jefa (la misma del principio) lo entendió. Y es que, a veces, me da la impresión de que la gente entenderá mejor que me pueda gustar otra chica a que me guste escribir más que todas las cosas (bueno, la literatura y las mujeres están ahí, ahí en mi ranking de cosas favoritas 😉 ). Aquello de ‘mamá, quiero ser artista’, no siempre está bien visto en según qué contextos y no faltan los típicos comentarios de ‘estás flipada’, ‘busca un trabajo de verdad’, ‘los artistas sois unos vivalavida’, etc. Y desde luego que con esto no quiero transmitir la idea de que los artistas estamos más discriminados que la comunidad LGTBI, ya que hay más probabilidad de que me maten por decir que soy lesbiana que por decir que soy escritora. Es solo una comparación de mis sentimientos, en mi situación y en mi contexto, nada más. Y también una forma de intentar animarme a mí misma a no ocultar esa parte de mí por miedo a ese sentimiento del que os he hablado al principio.

Porque luego pienso: ‘Joder, me he tirado casi tres años escribiendo una novela, he ganado dos concursos en mi ciudad, he escrito varios relatos, llevo adelante otras tantas novelas, acudo a cursos y talleres, todos los días escribo y todos los días pienso en la escritura. Alguien que no fuera escritor no haría todo eso, no se entregaría en cuerpo y alma a la tarea de crear historias. Decir que soy escritora me cuesta mucho, pero es lo que soy y tengo que aprender a decirlo en voz alta y sin miedo.


Y hasta aquí la reflexión de hoy. Espero que os haya gustado.

Un saludo y que la literatura os acompañe


Imagen de portada extraída de Marcellapurnama.com

Cultura y cambio social

Hace poco vi ‘La llegada’, película protagonizada por Amy Adams (maravillosa en esta cinta) y Jeremy Renner, y aunque esta entrada de hoy no tiene mucho que ver con la película, sí que me hizo pensar en muchas cosas que me gustaría ahora compartir con vosotros.

Para los que no la hayáis visto, a parte de recomendárosla, os diré que no es una historia de ciencia ficción al uso; no esperéis batallas trepidantes contra extraterrestres o una distopía basada en el terror impuesto por los visitantes. ‘La llegada’ es una oda al lenguaje, a la comunicación, a las lenguas. Al poder de la palabra para cambiar el mundo y hacerlo un lugar mejor.

La semana del puente-acueducto-festivos salteados, cuando fui a ver la película, muchos de mis amigos volvieron a Almería y una de las conversaciones que tuve con ellos antes del cine fue sobre feminismo, minorías y corrección política.

Cuando pertenecemos, como en mi caso, a una minoría o a un grupo social víctima de discriminación, siempre pasa por nuestras cabezas la dichosa pregunta de ‘¿Por qué es tan difícil de comprender para el grupo en ventaja que la discriminación existe?’. Planteado así, es muy genérico, pero si digo ‘¿Por qué los heterosexuales se creen que no hay discriminación contra el colectivo LGTBI?’, ‘¿Por qué los hombres no se creen que las mujeres seguimos en desventaja social?’, ‘¿Por qué los blancos pensamos que no hay racismo si Obama ha sido presidente?’. Una de las conclusiones a las que he llegado tras años de reflexión, tras ver distintas perspectivas y de informarme es que el razonamiento lógico no funciona. Nos esforzamos por explicar con argumentos lógicos, incluso científicos, que las minorías son discriminadas o que no somos tan diferentes los unos de los otros.

Se hacen leyes, se intenta cambiar el lenguaje para que no sea discriminatorio u ofensivo y alguna que otra medida punitiva que, más que ayudar, parece acrecentar el sentimiento anti-minoría. ¿Pensáis que una persona que, por ejemplo, cree que los miembros del colectivo LGTBI son una panda de enfermos va a cambiar de idea porque se le castigue por insultarlos? ¿O que un hombre (o mujer, que las hay) machista dejará de serlo porque se fortalezcan las leyes contra la violencia sexista? Dirá: ‘Encima de que los enfermos son ellos, tengo yo que pagar el pato. ¡Lo que me faltaba!’. ‘¡Encima de que va vestida como una guarra me despiden a mí por acosarla!’. Sí, yo creo que esa persona ha cambiado mucho su forma de parecer y sentir con respecto a la víctima de la discriminación… Y, ojo, no estoy diciendo que no crea convenientes medidas legales, hay que contener la avalancha para que no se convierta en una catástrofe. Pero eso no ataca a la raíz del problema.

La emoción. La emoción es la clave de todo. Esa es otra de mis conclusiones con respecto al tema. Parece que en la sociedad actual se ha desprestigiado el corazón en pro de la razón. Damos explicaciones racionales a todo: tú me discriminas porque no me conoces. Y sí, tiene parte de razón esa afirmación. Pero ¿cuántos de nosotros no habremos oído eso de ‘No, si yo conozco a muchos gays’, ‘Yo sé que las mujeres tienen los mismos derechos’, ‘Un compañero de trabajo es negro (o cualquier otra etnia o procedencia) y es buena gente’ y luego sus acciones dicen a gritos que la persona es homófoba, machista o racista. Me parece muy bien que conozcos a alguien del colectivo LGBTI o de otro país o etnia, o que te sepas los fundamentos del feminsimo, pero ¿has sentido la discriminación en tus carnes? ¿Te has parado a comprender y empatizar con los sentimientos de las personas discriminadas? ¿Alguna vez has sentido miedo por tu seguridad por pertenecer a un grupo discriminado? La emoción, esa reacción fisiológica que nos produce un evento y que normalmente solemos ponerle nombre, va a determinar en última instancia cómo ves el mundo. A la gente le gusta el deporte porque es un chute de adrenalina y otros neurotransmisores que producen adicción. A la gente le gustan los parques de atracciones porque es otro chute de hormonas. La gente se droga porque la sustancia genera cambios en tus centros de recompensa, donde nacen las emociones. Luego ya les ponemos nombre, las justificamos, las describimos si se nos ocurren las palabras, pero nuestro cuerpo ya las ha sentido.

Lo mismo pasa con el cambio social. Si yo no soy capaz de provocar en ti que se te revolucionen las hormonas y tu cuerpo reaccione fisiológicamente, seguramente no seré capaz de provocar en ti un cambio de actitud. ¿Por qué lloramos cuando nuestro personaje favorito muere o le sucede algo trágico? Porque hemos experimentado físicamente su viaje y ahora nos lo arrebatan. Es como si nos quitaran la droga, nuestro equipo favorito perdiera o nuestra atracción favorita estuviera fuera de servicio.

Y ¿no es maravilloso que una historia de ficción pueda provocar eso en un lector/espectador/público general? Como escritores tenemos el poder de provocar emociones, de hacer que una persona pueda cambiar su forma de pensar porque nuestra historia le ha conmovido de alguna forma. Yo creo que la cultura ha hecho más por el cambio social que cualquier legislación. Obama piensa igual que yo:

Si no se os da bien el inglés y ya que no consigo encontrarlo subtitulado, os traduzco el fragmento que me interesa (a partir del minuto 0:36, aproximadamente):

'Por mucho que hemos hecho gracias a leyes, acabar con el Don't Ask, Don't Tell, etc... Cambiar los corazones y opiniones... No creo que nadie haya sido tan influyente como tú. [...]. Tu valentía y... eres muy agradable... Que tu estés dispuesta a reivindicar quién eres le da fuerzas a otra gente y luego, de repente, es tu hermano, tu tío, tu mejor amigo... compañeros de trabajo y después... las actitudes cambian. Y luego siguen las leyes, pero todo empieza con gente como tú.'

Ellen ha conseguido entrar en los televisores y luego en los corazones. Después, las mentes cambiaron. El aumento de personajes y tramas LGBTI, de protagonistas femeninas, de otras razas, etc. permite que la gente pueda empatizar mediante estas historias con personas diferentes que también sienten y sufren y se emocionan. Por supuesto, no voy a entrar en esta entrada en cómo se retratan estos personajes, porque en muchas ocasiones no se hace de la mejor manera, pero los cambios requieren mucho tiempo, mucho ensayo y error, muchos intentos. Aunque parezca descorazonador, hablo de años. Pero si queremos ese tan necesitado cambio, debemos ser como el cántaro que va a la fuente.

Yo quiero poner mi grano de arena a esta revolución del pensamiento que estamos viviendo. Quiero que mis personajes sean diversos y demostrar que son como tú, como yo, como los vecinos, etc. Es mi compromiso con el mundo. Es mi responsabilidad como escritora.


 

Dicho esto, espero que os haya gustado la entrada de hoy y os haya hecho pensar. No dudéis en aportar vuestras opiniones.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 

 


Imagen de portada extraída de Heathwood Institute and Press

Y colorín, colorado, NaNoWriMo se ha acabado

No, no me habían abducido los extraterrestres. Más bien ha sido el NaNoWriMo y como ya comenté hace un par de entradas, me había planteado participar aun sabiendo que no conseguiría las 50000 palabras del reto. No es que no confiara en mi capacidad para hacerlo, es que sé que no tenía ni tengo el tiempo que me gustaría para haberle dedicado a esta iniciativa sin dejar de lado mis responsabilidades y mi vida social. Me lo tomé más como un método para probarme a mí misma y así ha sido.

NaNoWriMo es una gran plataforma con variedad de actividades y foros donde contactar con otros escritores, organizar actividades de escritura, charlas online a modo de tutorial o conferencias, consejos, etc. La verdad es que la página es bastante completa y hasta tiene una sección dedicada a la preparación de los aspectos clave de tu novela antes de escribiral (lo que viene siendo el NaNoPrep). Pero no voy a entretenerme más hablando de las características de la página del NaNoWriMo, porque para eso tenéis cientos de páginas que os lo explicarán mucho mejor que yo.

Lo que sí me gustaría compartir son las conclusiones que he sacado y las cosas que he aprendido sobre mí misma como escritora y que puedo convertir en consejos para vosotros. Porque yo soy de las que piensan que no hay nada mejor que la experiencia para poder dar consejos útiles.

Para poneros en contexto, os diré que mi proyecto literario principal, al que le dedico el 85-90% del tiempo (por no decir el 100%) es una historia de fantasía en la que llevo trabajando incluso desde antes de publicar ‘Nivel 10’. Pero para este mes de escritura intensiva no he querido continuar con esta historia para dejarla reposar y trabajarla con le debido cuidado, así que decidí empezar con el desarrollo en novela de uno de los relatos cortos que escribí hace un par de años y en el que quería profundizar más.

El reto del NaNoWriMo era escribir una novela de 50000 palabras (que, si las comparo con las más de 130000 que tiene ‘Nivel 10’, esto no es nada) en un mes y yo he llegado a las 22137

Sí, sí, podréis pensar «pero, Fani, si no has llegado ni a la mitad…». Lo sé, pero ¡imaginad si le hubiese dedicado más tiempo! Estoy muy contenta y por varios motivos, entre ellos, porque una historia que pensaba que me llevaría bastante tiempo planear, o por lo menos esquematizar sus tramas e ideas, ha ido fluyendo de forma tan natural y orgánica que muchas veces el motivo por el que no escribía más era por no encontrarme frente a un ordenador o una libreta más que por falta de inspiración.

Y, ¿qué es lo que he aprendido de mí misma como escritora que pueda serviros?

 

1. Ponte a ello y pilla carrerilla. 

Si te cuesta ponerte a escribir con cierta frecuencia, analiza tus rutinas diarias y decide el momento en el que tengas un rato libre para escribir. Cuando llegue, si hace falta, date una torta (metafórica y real) para decirte a ti mismo «¡Oye, empieza ya!». Tras varios días dándote bofetadas, llegará el momento en el que no te hará falta tanta violencia autodirigida. Habrás cogido carrerilla y tu cuerpo y tu cabeza habrán asimilado la tarea como parte de la rutina diaria y notarás grandes avances.

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   Vía Wikipedia

A mí me ha pasado algo parecido: tenía cierto recelo a escribir otra historia diferente a la que tenía ya entre manos y eso hacía que me costara ponerme a ello. Pero luego veía el avance y era muy gratificante, lo cual me motivaba para seguir el ritmo. Ahora ya he conseguido escribir 4 capítulos completos y otros dos más que todavía están a medias (lo que calculo que serán aproximadamente un tercio del total de la trama) en un solo mes. En serio, un chute de autoestima y motivación.

Así que usa cualquier truco (post-its por todos sitios, alarmas en el móvil, las ya mencionadas tortas a uno mismo, etc.) que te sirva para ponerte delante del ordenador o de la libreta y empezar a trabajar.

 

2. La imaginación se libera cuando la responsabilidad ata.

Ya me pasaba mientras escribía ‘Nivel 10’ durante mi época de estudiante y qué casualidad que cada vez que tenía que entregar uno de los miles de trabajos que me mandaban en el máster, se me ocurría la escena perfecta para tal o cual capítulo. Algo parecido me ha ocurrido con el NaNoWriMo: estar todo un mes centrada en una sola historia de forma autoimpuesta ha hecho que me llegaran dos buenas ideas que no he dudado en anotar (e incluso empezar a redactar, pero shhh). Además, he conseguido llegar a solucionar un pequeño problema con una de las tramas de la historia de fantasía en la que estoy trabajando y que me tenía para tirarme de los pelos. Como dato anecdótico, en mi época de estudiante de Psicología, vimos en algunas asignaturas cómo se mejora la resolución de problemas cuando no estamos pensando en dicho problema. A modo de serendipia, de bombilla que se ilumina de repente, nuestro cerebro consigue encontrar la luz cuando no tiene la presión bajo la que nos ponemos al darle vueltas a ese dichoso personaje que no avanza o a ese punto de giro que no sabemos cómo introducir.

Si durante la escritura de vuestra novela llegáis a un momento en el que ya no sabéis cómo continuar y os entra la desesperación, ¡tranquilidad! Date tiempo, aparca esa historia y déjala reposar unos días, semanas o incluso meses si es lo que tu historia, tu cabeza o tu cuerpo necesita. Haz otra cosa diferente, bien sea otra historia, relatos cortos, poesía, ensayo, un guión… Cualquier opción es válida mientras le dediques tu tiempo y te evite pensar en el bloqueo que has tenido con la otra historia. Tu cerebro agradecerá el descanso y pronto te recompensará con alguna idea que te ayude a superar esa falta de inspiración o de resolución de tu trama.

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 Cita real de Einstein. Vía Pinterest

 

3. Conoce, acepta y estimula tu forma de escribir.

En el NaNoWriMo puedes ponerte ‘chapas’ o insignias según tus logros o tus características como escritor. Estas ‘chapas’ están más bien enfocadas a la red social (foros, actividades, etc) para que la gente que interactúe contigo sepa qué tipo de escritor eres y qué logros has conseguido durante el mes. Pues bien, hay tres insignias que te clasifican según planifiques o no tu novela: puedes ser planner si te gusta tener toda tu historia, personajes y mundo planificado y estructurado; panster, si lo que te va es la improvisación; y plantser, si eres una mezcla de ambos.

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                             Vía NaNoWriMo.org

Yo, definitivamente, soy una plantser. A veces me obligo a planificar, me hago escaletas, organizo la tramas y subtramas, relleno fichas de personajes, etc. Y sí, está bien, me ayuda mucho, pero luego llega el momento de ponerme a escribir y es entonces cuando veo que la historia me lleva por otros derroteros y que tanto tiempo planificando me ha servido más bien poco. Pero para eso he tenido que probar, retarme con nuevas costumbres de escritura, técnicas, etc., hasta que ya he encontrado la forma en la que más cómoda estoy y que me funciona mejor, y esa es mezclando un poco de planificación e improvisación.

Por eso, analizad vuestra manera de escribir, probad algo que no hayáis hecho y observad cómo os va. Quizá os llevéis una sorpresa o quizá simplemente comprobéis algo que ya sabíais, pero de cualquier forma os servirá para coger confianza. Y cuando ya sepáis vuestra forma de trabajar más efectiva y eficiente, dadle caña porque eso será vuestro motor para avanzar con vuestra novela.

4. Descansa.

Pasar un mes escribiendo casi sin parar agota. A pesar de no haberle dedicado todo el tiempo necesario para completar las 50000 palabras, sí que era raro el día que no escribía esta historia (ya os decía antes, a veces era porque no tenía ni ordenador ni papel para hacerlo), pensaba en las escenas o las planificaba y reorganizaba en mi cabeza. Además, he visto a otros escritores que han conseguido el reto y han admitido acabar exhaustos y cansados tras semejante esfuerzo. Lo bonito de escribir no solo es crear nuevas historias y mundos, sino también la sensación física y psicológica que nos deja el plasmar nuestras emociones en una obra de arte (y con ‘obra de arte’ no me estoy refiriendo aquí a algo ‘maravilloso’ o ‘a la mejor creación del artista’), porque sí, lo que hacemos es añadir nuestro grano de arena al arte de la Literatura, sino también que se remuevan todo tipo de sentimientos, emociones, recuerdos, pasiones, etc. en nuestro interior mientras pulsamos las teclas del ordenador o dejamos que la tinta llene el papel. Y volcar nuestro corazón en una historia te deja con pocas fuerzas, con mucha felicidad (o incluso dolor), pero con pocas fuerzas.

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          Esta ilustración habla por sí misma. Vía Pinterest

Pero cuando nos vaciamos, tenemos que volver a llenarnos y nuestro cerebro necesita ese descanso como el comer. Yo ahora que ha acabado el NaNoWriMo voy a darme este fin de semana para desconectar y tomar fuerzas para seguir escribiendo mis historias. Y da igual si te has agotado tras escribir una novela entera, un capítulo o incluso tan solo una escena muy importante, si tu cabeza te dice «¡PARA!», hazle caso.

 

Hasta aquí mi experiencia en el NaNoWriMo y mis consejos para que la aventura de escribir una novela sea lo más llevadera posible. Espero que os sirvan de algo en vuestro día a día literario. No dudéis en comentar, compartir vuestras opiniones y otros consejos que os hayan ayudado.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 


Gifs extraídos de Gifntext.com y Giphy.com

Imagen de portada extraída de Jamerkel.com

¿El libro o la peli?

Esta es sin duda una de las típicas preguntas que nos suelen hacer y que solemos hacer los lectores. Incluso está dentro de muchísimas listas de cosas que solo entendemos los que amamos leer.

Si me hubiesen hecho esta pregunta hace un par de años, no habría tenido ninguna duda: el libro. Pero ahora, a esa respuesta le tengo que añadir la coletilla de ‘con matices’.

Y me explico.

Desde luego que es normal que a los que nos gusta leer solamos preferir el libro a la adaptación (ya sea película o serie): el desarrollo de la trama es más extenso, la caracterización de los personajes es más profunda, la perspectiva que nos da el narrador nos hace comprender mejor la historia, tenemos más información… Pero sobre todo, y yo creo que muchos de vosotros coincidiréis, está el hecho de que nuestra mente ha creado ya su imagen personalizada de todo lo que abarca el libro, la hemos creado cuando leíamos, se ha convertido en un esquema y que alguien venga y nos imponga otra diferente es bastante desconcertante e intrusivo; véase, nos rompe los esquemas. Y eso es duro.

Pero de lo que me he dado cuenta en este tiempo es de que no es justo afirmar vehementemente, como si defendiéramos la verdad más absoluta, que ‘las adaptaciones siempre son una basura’, ‘las películas/series basadas en libros nunca serán igual de buenas’ y otras aseveraciones similares.

Y me vuelvo a explicar.

Antes no tenía ni idea de cómo se hacía una película. Ni siquiera un corto o cualquier vídeo con cierto argumento. Pero entre que muchos de mis amigos han estudiado carreras relacionadas con el cine y la comunicación audiovisual, han hecho cortos en los que he ayudado o estado presente en cierto modo y que yo también he hecho mis pinitos en este mundo (aunque solo para nuestro entretenimiento y disfrute, nada serio), he comprendido cómo es el proceso de producción de una obra audiovisual. Y lo más importante, he comprendido la diferencia entre el lenguaje cinematográfico y el lenguaje literario.

Por eso no me parece justo comparar una película a una novela. El fin último de cualquier creación artística es expresar algo a un público, que ese público entienda la intención del creador y lo que quiere transmitir. Pero los medios en este caso son distintos. Ya sé, ya sé, podéis pensar ‘Fani, es que en el cine se escriben guiones’, ‘Fani, es que yo cuando leo me lo imagino como si lo estuviera viendo representado’ y tenéis razón. Pero cuando escribes novelas, puedes describir los paisajes, los pensamientos, los olores, el tacto, el desarrollo de las escenas, etc. Sin embargo, en el medio audiovisual, hay que hacer todo eso mediante las imágenes. No se puede expresar un monólogo interior igual que en una novela (a no ser que pongas una voz en off que haga el trabajo sucio); lo que los personajes perciben con sus sentidos en una película se reduce casi a vista y oído; lo que en una novela dura dos páginas, en una película puede perfectamente llevarte cinco segundos. El formato audiovisual tiene que contar con otras herramientas: los planos adecuados, movimientos de cámara acertados, buenas actuaciones del reparto, un buen montaje… No se concibe igual una idea para un medio audiovisual que para una novela. Estoy segura de que si pusiéramos a trabajar a escritores y guionistas y midiésemos su actividad cerebral, esta sería diferente. Al igual que el producto final también lo es. Por eso me parece injusto comparar ambos formatos.

Desde luego que una adaptación debe respetar la esencia de la obra literaria:

‘La joven de la perla’, adaptación muy fiel y con una fotografía digna de las obras de Vermeer

 

Sus personajes deben ser fieles a como los describieron sus autores originales:

Escena de ‘Carol’ dirigida por Todd Haynes, basada en la novela de Patricia Highsmith. No sabéis lo que me alegré al saber que habían fichado a Cate Blanchett para interpretar a Carol; para mí una elección perfecta. Además, es una adaptación bastante fiel (quitando alguna cosilla, claro).

 

Así como no pasar por alto detalles esenciales de la trama:

Aquí he dudado entre ‘La orden del fénix’ y ‘El misterio del príncipe’, que me gustaron mucho como película, pero… pero… se han comido cosas importantísimas… ¡INSENSATOS!

 

No obstante, no podemos quejarnos porque no se aprecie en la adaptación el mundo interior y las reflexiones de los personajes o del propio narrador. Eso, de momento y sin usar voces en off, es prácticamente imposible (por mucho que nos duela).

Desde que comprendo un poquito mejor cómo va esto del cine, aunque suelo preferir las historias en novelas, cuando veo una adaptación, intento valorarla por su calidad como película. Pero lo confesaré: siempre acabaré comentando con alguien cuáles son las diferencias con el libro.

Los viejos hábitos nunca mueren.

 

Y vosotros, ¿estáis de acuerdo? ¿Sois fieles defensores de la novela o sois más benévolos con las adaptaciones? ¿Hay alguna que os haya sorprendido para bien/defraudado por completo? No dudéis en comentar y compartir vuestras opiniones.

Un saludo y que la literatura (y el cine) os acompañen.

 

 

Imagen de portada extraída de movie-memories.net