Inteligencia Artificial

¿Qué hace a las IAs conscientes?

La ciencia ficción siempre ha planteado cuestiones filosóficas tras sus premisas futuristas y tecnológicas, desde el los peligros del totalitarismo, la vida después de desastres naturales, la existencia de vida en otros planetas, hasta la inteligencia artificial. Este tema es uno de los que más me fascinan del género y siempre que leo alguna novela o veo alguna película o serie que se centre en esto, sé que habrá una alta probabilidad de que me guste.

Quizá sea por mi formación como psicóloga que el estudio de la conciencia humana y el lenguaje me atraen de una manera casi hipnótica. Para quienes no hayáis estudiado Psicología, os diré que el tema de la conciencia es una línea de investigación muy compleja, pues se trata de un constructo en el que influyen muchas variables y a cuya base aún no nos hemos acercado. El estudio de la conciencia nos ha llevado a plantearnos muchas cuestiones filosóficas, entre ellas, la más relevante para este artículo: ¿qué nos hace humanos?

¿Por qué esta pregunta y el título del post están relacionados? Pues bien, no cabe duda de que el objetivo de quienes fabrican y programan IAs es imitar la conciencia humana. De ahí que conocer nuestra esencia como especie sea el secreto para crear robots a nuestra imagen y semejanza. No voy a escribir esta entrada como experta en el tema, sino más como aficionada a quien le gusta desarrollar sus propias hipótesis.

Ex Machina

¿Qué nos hace humanos?

El lenguaje

Quizá la característica primordial que nos diferencia de otras especies sea el lenguaje. Fijaos que no hablo de comunicación, pues todas las especies nos comunicamos de una forma u otra, sino que me refiero a la complejidad de nuestro código lingüístico. Si tomamos como ejemplo a los perros, vemos que su principal medio de comunicación es el ladrido. Tras convivir con un perro, llegamos a distinguir los tipos de ladridos y gruñidos, pero la diversidad de estos se ciñe al estado emocional que el animal quiere expresar: si está contento, ladrará de un modo y si se está defendiendo, lo hará de otro. No ladran para decir ‘qué bonito día hace hoy, menos mal que la primavera está llegando y dentro de poco es Semana Santa y tenemos unos días de descanso’. Nosotros los humanos comunicamos cientos de cosas que, en la mayoría de ocasiones, no tienen que ver con nuestro estado fisiológico ni nuestras necesidades primarias. Sin ir más lejos, tenemos miles de conceptos abstractos que no se corresponden con ningún referente tangible y concreto. Por ejemplo, la ‘nostalgia’ es algo que no podemos tocar, es una palabra que nos hemos inventado porque un día sentíamos que recordábamos con tristeza y cariño algo y nos resultaba más sencillo inventar una palabra que no tener que explicar todo eso cada vez que quisiéramos hablar de ello.

Lo que me lleva al siguiente punto: el lenguaje humano es una invención social fruto de nuestra evolución y nuestra necesidad de comunicarnos. Entonces, ¿qué pasó, un día se sentaron varias personas y dijeron ‘venga, vamos a inventarnos una lengua’? Nope. La necesidad es la madre de la invención y —aquí viene mi aportación de hipótesis— la casualidad también es un factor importantísimo: imaginaos a los primeros homo sapiens que poblaron la Tierra, que solo gruñían, chillaban y emitían ruidos similares a otros homínidos, hasta que, por casualidad, alguno de ellos quería referirse a la comida e hizo un ruido muy concreto, por ejemplo, ‘ooooh’; otro de su grupo asoció el ‘ooooh’ con la comida y reaccionó de forma acorde. Tras ese éxito fortuito en la comunicación, a partir de entonces, entre ellos cada vez que decían ‘ooooh’, sabían que se referían a la comida.

Invención del lenguaje
En ‘Padre de familia’ también se imaginaron algo parecido.

Luego, como nuestra especie tiene un maravilloso aparato fonador que puede realizar una grandísima cantidad de sonidos diferentes, nuestros antepasados empezaron a experimentar con sus cuerdas vocales. Y aquí estamos.

Desde el inicio del estudio del desarrollo del lenguaje y el pensamiento ha habido dos posturas: quienes consideran que el lenguaje determina el pensamiento y quienes opinan lo contrario, que el pensamiento determina el lenguaje. Luego, estamos los que pensamos que van de la mano y que intentar resolver este misterio es casi igual de difícil que el del huevo y la gallina.

En Psicología del Lenguaje y también en Psicología del Pensamiento se suele ver cómo se desarrollan las asociaciones de conceptos. Un concepto nuclear, que suele asociarse con un referente externo, se relaciona con otros conceptos que funcionan a modo de características del mismo. Un ejemplo sería:

Asociación de conceptos

 

Aprendizaje

Todas las especies animales aprenden, hasta los mejillones. Pero, como pasa con el lenguaje, el aprendizaje en humanos es muchísimo más complejo y, como ya podéis imaginar, también incluye conceptos abstractos. Las primeras etapas de nuestro desarrollo son más concretas y referenciales, es decir, que cuando somos pequeños, aprendemos con estímulos tangibles y fáciles de procesar, pues nuestro cerebro todavía no está preparado para razonamientos abstractos. Y si no, preguntadle a niños de cuatro o cinco años qué es un perro y qué es la felicidad; podrán decirte que un perro es un animal, incluso dibujarlo, pero para describir la felicidad tendrán más dificultades, quizá, como mucho, harán referencia a una sonrisa o a la risa, porque es algo más concreto que pueden percibir. El aprendizaje y el lenguaje están muy relacionados, pues conforme el lenguaje avanza y se van asociando palabras con su referente, el aprendizaje se hace más sencillo (¿a que cuando empezáis una asignatura de la que no sabéis nada, os cuesta hasta que asentáis las bases y luego podéis comprender cosas más difíciles?).

Aprendizaje
Igual que aprender nuevos idiomas se hace más sencillo cuando hablas otro diferente a tu lengua materna.

Pero el aprendizaje no solo es lingüístico, también es emocional. Si nos cortamos con el filo del papel de aluminio, vemos las estrellas y procuramos tener más cuidado la próxima vez que manipulamos el rollo de papel. Cuando probamos por primera vez un postre y nos gusta, repetiremos en el futuro. El dolor y el placer son nuestros maestros en esta vida y esto es igual en todas las especies. Aunque parezca reduccionista, estos dos tipos de consecuencias son las que rigen nuestro comportamiento y lo único que nos diferencia de otras especies es que distinguimos muchos tipos de dolor y de placer y estos provocan reacciones fisiológicas diferentes que nosotros asociamos con conceptos distintos y los llamamos sentimientos. El dolor que se manifiesta como humillación, tristeza, decepción, duelo, etc.; el placer que percibimos como alegría, ilusión, diversión, etc. Un profesor que tuve en la carrera, cuando dimos el tema del dolor en Psicología Fisiológica, hablaba de mismas vías neuronales de dolor, pero distinta forma de hacer sinapsis (el paso de información eléctrica entre neuronas). Por desgracia, no recuerdo si nos llegó a dar referencias bibliográficas o no, así que dejaremos esto como hipótesis interesante.

Aprendemos por condicionamiento. Hay dos tipos, el clásico y el instrumental. En el clásico, se nos presentan dos estímulos diferentes, sin relación alguna, y tras varias presentaciones conjuntas (bien simultáneas o bien consecutivas) asociamos ambos estímulos. Normalmente, uno de los estímulos (el que se presenta posteriormente) provoca una reacción automática (por ejemplo, el dolor nos hace retirar la mano). Seguro que se os viene a la mente los perros de Pavlov, que habían aprendido que tras el sonido de la campana, aparecía comida (la cual les hacía salivar una cosa bárbara). Pero no todo es saliva y campanas, el condicionamiento clásico también está presente cuando escuchamos el pitido de un coche que nos va a atropellar y nos asustamos; cuando escuchamos una canción y nos alegra porque la asociamos con una buena experiencia; cuando vemos un primer plano de un objeto en una película o serie y sabemos que ese objeto será importante más adelante porque en miles de películas se ha usado ese mismo recurso. Está presente en el miedo, en el estrés postraumático y en la ansiedad, por ejemplo.

El condicionamiento instrumental es aquel que cambia nuestra conducta para conseguir un objetivo, bien sea obtener algo que nos gusta, bien para evitar algo que nos desagrada. Si alguien dice ‘¡tarta va!’ y algo viscoso nos da en la cara y se nos mete en los ojos, para la próxima vez que escuchemos el mismo aviso, nos taparemos o nos agacharemos para evitar el engorroso desenlace. Si los perros nos dan miedo, evitaremos pasar por la casa del vecino que tiene el perro en el jardín; si nos gusta un libro de cierto autor o autora, es probable que leamos más de su bibliografía. Y si salir a comprar el pan nos da ansiedad, evitaremos bajar a la panadería. Como he dicho antes, el placer y el dolor son nuestros maestros de vida.

Condicionamiento clásico
Viñeta de SeekMikeDraw

Percepción

¿Os imagináis que no tuviéramos sentidos? A parte de ser una premisa interesante para una historia de ciencia ficción, probablemente no seríamos más que un saco de carne y huesos con un cerebro muy poco desarrollado. Necesitamos de estímulos externos para aprender y crear asociaciones y vías sinápticas en nuestro cerebro. Necesitamos ver los colores, escuchar los tonos, tocar las superficies, degustar y oler la comida para que nuestro cerebro pueda relacionar los objetos y sucesos externos y así tener una base sobre la que actuar. En el sentido de la vista, los tractos nerviosos que proceden de los ojos y van al cerebro se cruzan a un nivel inferior (antes del cerebro) y después, tiene varias vías que van a la corteza occipital (la de la percepción visual) y a zonas más internas del cerebro (y más relacionadas con la emoción). En un cerebro sano, si realizamos un condicionamiento clásico, el estímulo queda registrado de forma consciente, pero si alteramos las vías que van al córtex occipital, no tenemos percepción consciente de ese estímulo, pero sí condicionamiento (por ejemplo para que nos de miedo). ¿Cómo podríamos actuar si no sabemos qué es lo que nos da miedo y por qué? Otra de mis hipótesis es que en la percepción inconsciente (de la que no nos damos cuenta, por el motivo que sea, no me meteré mucho en eso) radica parte de la espontaneidad del ser humano: intuición, creatividad, incluso, como ya he dicho, conductas condicionadas (‘no sé por qué, me dan miedo las palomas’, ‘no sé por qué, esta persona me cae bien’).

En resumen…

Tras todo este tocho, podemos concluir que estos tres aspectos de la experiencia humana se entremezclan constantemente y se resumen en:

  • Percibimos algo y le ponemos nombre o nos enseñan que esto que percibimos se llama de una determinada forma. Asociamos ambos conceptos. Aprendemos.
  • Percibimos un estímulo con otro y aprendemos que van siempre juntos. Seguimos asociando estímulos de forma que cualquiera de ellos ‘activa’ la representación mental de los conceptos asociados. A estas asociaciones también les ponemos nombre.
  • No siempre nos hace falta percibir algo para asociar conceptos adquiridos; de hecho, el pensamiento deductivo, inductivo, la lógica, creatividad y la intuición se basan en cientos de asociaciones que hacemos constantemente de conceptos previos alojados en nuestro cerebro. Incluso podemos plasmar externamente un concepto nuevo que hemos desarrollado en nuestra cabeza (esto los artistas lo hacemos siempre).

Apredizaje asociativo

 

Entonces, ¿qué debe tener una IA para que sea consciente?

Pues lo mismo que nos hace a nosotros humanos. Capacidad para percibir, aprender y desarrollar lenguaje. Aquí contamos con una ventaja y un inconveniente: a diferencia de nosotros, las IAs no tienen que esperar millones de años para evolucionar hasta nuestra etapa de desarrollo filogenética, pues somos nosotros quienes la configuramos a nuestra imagen y semejanza. ¿El inconveniente? Que las configuramos a nuestra imagen y semejanza.

Creación del nuevo Adán

¿Por qué digo eso? Pues porque somos producto de nuestro tiempo y del tiempo de nuestros padres y del de nuestros abuelos, etcétera, etcétera. Esto significa que, si programamos una IA para que sea consciente, tendrá nuestros sesgos y nuestros prejuicios. Para muestra, podéis leer este artículo sobre un estudio de la revista Science y este otro en el que unas IAs fueron jueces en un concurso de belleza. Estas IAs son racistas y machistas porque han aprendido, por estadística, a serlo. Es un ejemplo extremo de lo que nos pasa a nosotros al vivir en sociedad. La diferencia estriba en que nosotros todavía podemos plantearnos si nuestra conducta y nuestra actitud están influenciadas por la sociedad y actuar en consecuencia; con las IAs todavía no se ha llegado a esa fase.

¿Cómo podemos favorecer que el aprendizaje de las inteligencias artificiales sea diferente?

Mi propuesta (siempre desde el terreno de la hipótesis y la especulación) es más compleja y requiere más tiempo que simplemente programar a la máquina para que analice infinidad de textos y luego ponerla a soltar barbaridades. Incluso aunque le pusiéramos solo un diccionario para que memorice las definiciones, ni siquiera estos están libres de sesgos. ¿Y si las programáramos, aprovechando su potencia de procesamiento de información, para que aprendan como lo hacemos nosotros, mediante asociaciones del tipo referente-concepto y concepto-concepto o del tipo estímulo-respuesta y conducta-consecuencia? De este modo, podrían aprender también mediante la interacción con otras personas y con el mundo externo tal y como lo hacemos nosotros. ¿Y si aprovechamos la tecnología de impresión 3D para otorgarles un medio físico con el que también tengan un referente sensorial? ¿Os imagináis un robot que percibiera los patrones visuales, los auditivos…? ¿Un robot que al tocarlo, percibiera ese tacto? A mí me fascinaría, la verdad.

Humans

Quizá, a día de hoy, la biotecnología todavía no pueda emular las conexiones nerviosas que proceden de los sentidos humanos en un cuerpo y cerebros artificiales, pero para eso estamos los escritores, para inventarnos nuevas historias de ciencia ficción y dejar volar nuestra imaginación (y, quién sabe, quizá acertemos en nuestras predicciones).

 


Hasta aquí mi reflexión sobre las inteligencias artificiales. ¿Qué pensáis? ¿Coincidís conmigo? ¿Qué otras cosas se os ocurren que pueda tener una IA? No dudéis en dejar vuestro comentario aquí abajo.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 


Imagen de portada extraída de JB_Michi.

Anuncios

8 comentarios sobre “¿Qué hace a las IAs conscientes?

  1. Me ha gustado mucho este artículo. Da mucho para pensar.

    Por un lado, me gusta la forma de enfocar qué hace a los humanos conscientes para entender si la máquina puede ser consciente. Esto da para comerse mucho la cabeza. Si una computadora puede hablar como un ser humano, aprender y sentir (esto último me ha flipado) pero lo hace solo procesando datos, ¿realmente es consciente? Es decir, si “parece” consciente, ¿es consciente?

    Pero lo que más me ha impactado es lo del sesgo heredado de nosotros – cómo no -. No tenía ni idea. Precisamente llevo días dándole vueltas a la idea de si no iría mejor el mundo si nos gobernase un superordenador. Pero no había caído en que si nosotros creamos la inteligencia, podríamos transmitirle toda nuestra basura… nunca me había planteado esa posibilidad. Muy buen material para reflexionar, sin duda.

    ¡Saludos!

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Buenas! Me alegra que te haya gustado 😀
      Tienes razón, si solo procesa datos, ¿será realmente consciente? Es toda un debate para reflexionar. Hace poco leí ’36’ de Nieves Delgado (si no la has leído, te la recomiendo) y ella también añadía algo en lo que yo no había caído tampoco: las hormonas y su influencia en nuestro cuerpo y nuestro cerebro, algo que en una IA sería muy complicado replicar. La verdad es que este tema tiene mucha miga.
      ¡Saludos!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s