Leer para aprender

Leer para aprender

No es ninguna novedad que el consejo que más se repite a quienes escriben (sobre todo a quienes empiezan) es que hay que leer mucho. Puede parecer algo obvio, pero hay quien piensa que no es necesario. Como os podréis imaginar por el título del post, yo soy de las que piensan que uno de los mejores recursos de aprendizaje de todo escritor es ser un buen lector.

Supongo que, si escribís, os habrá pasado que a la hora de leer, ya no lo hacéis con esa inocencia de antes, la de coger un libro y disfrutarlo con pureza, sin importarte si el narrador es protagonista, omnisciente, etc. o si empieza in medias res o con flashbacks. Sin embargo, ahora que somos escritores, nos resulta casi imposible leer una historia y no analizar cómo se han introducido los puntos de giro, las descripciones de los personajes, el worldbuilding, si lo hay, etc. Esto, desde luego, tiene sus ventajas e inconvenientes, como bien señala Alister Mairon en este post, pero en esta entrada no voy a centrarme en eso, sino que voy a contaros las cosas que aprendí yo leyendo algunas novelas que os voy a indicar ahora. ¿Comenzamos?

Cuando vaya a incluir algún spoiler de la trama, avisaré con antelación.

1. Monólogo interior y stream of consciousness como hilos conductores de la trama

¿A qué adivino qué autora se os ha venido a la cabeza al leer este título? En efecto, de Virginia Woolf se puede aprender mucho con sus grandes obras, y en este apartado también quiero incluir a Margaret Atwood.

Virginia Woolf

Virginia Woolf

Aunque se utilizan como sinónimos, el monólogo interior y el stream of consciousness son ligeramente diferentes: mientras el monólogo interior es más organizado y analítico, el stream of consciousness (que podría traducirse por ‘oleada/flujo de conciencia’) es más caótico, suele incluir reacciones y sensaciones y, en su variante más modernista, prescinde de signos de puntuación y demás restricciones ortográficas (Ulises de James Joyce es el ejemplo más significativo). Virginia Woolf empleaba este recurso en sus novelas con todos sus personajes y, si habéis leído La señora Dalloway, entenderéis bien a qué me refiero. En esta novela, el narrador entra en la cabeza de los personajes y nos relata lo que piensan y sienten mientras hacen y les suceden cosas cotidianas como ir a comprar flores para la fiesta de la noche. Y, sin necesidad de flashbackscon esos pensamientos y sentimientos, nos hace un recorrido por el pasado de los personajes, les da profundidad, motivaciones y objetivos. Aunque la lectura puede resultar compleja si nunca se ha leído algo similar, se trata de un recurso natural y realista, pues ¿a quién no le ha pasado que, mientras hacía cualquier simple tarea, o al contemplar cualquier tontería o percibir algún olor, no se ha enfrascado en sus pensamientos y recuerdos?

Margaret Atwood

Margaret Atwood

En El cuento de la criada, la protagonista narra su vida en la República de Gilead desde que se instauró la teocracia. A diferencia de La señora Dalloway, aquí tenemos una narradora en primera persona que se acerca más al monólogo interior que al stream of consciousness y que, a modo similar que en la novela de Woolf, mediante los pensamientos de Offred vamos conociendo tanto su presente de Criada, como su pasado de mujer libre. Los diferentes rituales de las Criadas, así como el funcionamiento de la nueva sociedad, van desvelándose conforme Offred nos lo cuenta y lo entremezcla con los eventos más relevantes de su vida, sus reflexiones al respecto, sus sentimientos, etc. A Margaret Atwood tampoco le hace falta recurrir a flashbacks, ni siquiera a una acción trepidante, ya que, la elección del monólogo interior en primera persona es aquí muy acertada para que la vida actual de la protagonista (que solo cuenta con unas pocas actividades rutinarias) no haga aburrida toda la trama. Otro acierto de esta elección es la exploración de los sentimientos de Offred y la sensación claustrofóbica que nos trasmite su realidad.

De Virginia y Margaret, pues, podemos aprender a usar lo cotidiano de la acción, mediante la descripción de pensamientos y eventos privados, para profundizar en la personalidad y en los sentimientos de los personajes, así como en su pasado. 

 

2. El worldbuilding no tiene límites

Cuando creamos un mundo, lo creamos a nuestro gusto y siguiendo nuestras normas, pero, como vivimos rodeados de sesgos y patrones interiorizados, a veces hacemos una versión de nuestro mundo real o de algún otro mundo ya inventado por alguien más. Con las novelas de Ursula K. Le Guin y Javier Miró comprendí que no hay límites para el worldbuilding.

Ursula K. Le Guin

Ursula K Le Guin

Terminé de escribir esta entrada unos días antes de recibir la noticia de su muerte, que nos dejó a todos sus fans con un gran hueco en nuestro corazón que será solo para ella. Así que este pequeño apartado es otro de los muchos homenajes al legado literario que nos ha dejado Le Guin.

Si habéis leído la saga de TerramarLa mano izquierda de la oscuridad, os habréis fijado en que los protagonistas y demás personajes no son blancos, heterosexuales o cisgénero. Le Guin juega con nuestros estereotipos raciales al hacer que los habitantes de Terramar sean de piel oscura y que sean precisamente los de piel blanca los considerados como bárbaros. También nos desmonta los mitos de género con su novela de ciencia ficción La mano izquierda de la oscuridad, en la que existe una raza de humanos andróginos y hermafroditas que solo expresan caracteres sexuales durante una semana, pudiendo ser masculinos o femeninos un mes y al siguiente, lo contrario.

Javier Miró

Javier Miró

En nuestro mundo, unos países se desarrollaron de manera diferente a otros a lo largo de la historia y nosotros, al ser europeos, tendemos a tomar el desarrollo de Europa como el canon y obviar el resto de continentes que tuvieron una evolución diferente a la nuestra. Esto lo he aprendido, sobre todo, de Javier Miró y su novela La armadura de la luz. A Melay llega mucha gente para el gran torneo de artes Jhassai y cuando pensamos que estamos en un mundo con aire medieval, Javier nos lanza pistolas de magma o barcos de vapor. A pesar de que no sabemos mucho sobre la procedencia de esta tecnología (ya que no aparece en esta novela), si que nos deja entrever un complejo y variado worldbuilding que da pie a desarrollarse en otras entregas. Y es que Miró lo dice en este vídeo, las edades de la historia son diferentes en cada parte del mundo y esto también debemos tenerlo en cuenta en nuestros mundos inventados.

Por tanto, de Ursula y Javier podemos aprender que, como ya he dicho, el wolrdbuilding no tiene límites, siempre y cuando sea coherente, y que podemos construir un mundo tan variado y diferente del nuestro como queramos, tanto a nivel tecnológico como social.

 

3. Los diferentes puntos de vista y líneas argumentales para crear misterio

No hay nada como una trama en la que la intriga nos hace desear leer más y más conforme pasamos las páginas. A veces, conseguir crear ese misterio puede resultar difícil, pero yo este año he aprendido mucho de Ann Leckie y Bram Stoker.

Ann Leckie

Este apartado contiene SPOILERS. Si no has leído Justicia Auxiliar, sáltate este párrafo hasta llegar al próximo aviso

Ann Leckie

En Ancillary Justice (Justicia Auxiliar, en español), la primera entrega de la saga de El Imperio del Radch, tenemos dos tramas que se van alternando en cada capítulo, una en el presente, la otra en el pasado. Al principio, cuando no se tiene todavía mucha idea de qué está pasando en la novela, Leckie nos va soltando poco a poco información del universo en que tiene lugar la novela y sabemos que la protagonista, Breq, es una Auxiliar (cuerpos humanos controlados por la IA de la nave en la que sirven) y que cada teniente dispone de diez de estas Auxiliares, que funcionan de forma sincronizada. Hasta que ya comprendí que algunos capítulos son, en realidad, flashbacks de Breq cuando era Auxiliar en la nave Justicia de Toren, uno de mis pensamientos fue que ambas tramas estaban situadas en la misma línea temporal y se trataba de dos Auxiliares de Justicia de Toren diferentes, una de las cuales había ‘roto’, en cierta forma, su conexión con el resto y pretendía asesinar a la emperadora Radchaai. Para mí tenía toda la lógica que, a pesar de ser una práctica tan extendida en el imperio, alguno de esos cuerpos humanos usados como Auxiliares se rebelara de algún modo. Luego comprendí que eran dos líneas temporales diferentes, en una de las cuales se mostraba cómo había llegado Breq a matar a su teniente Awn. Después, al final de la novela, nos enteramos que, quien sufre esa ‘escisión’ en sus IAs, es la mismísima emperadora, Anaander Mianaai. Un giro que, si no llegas a la misma conclusión que yo llegué al principio, resulta muy efectivo; mientras que, si te pasó como a mí, te sorprende igualmente, pero acabas pensando ‘claro, tiene todo el sentido del mundo’. Esta forma de llevar los flashbacks me resultó genial porque mantuvo mi intriga durante toda la novela y no me defraudó el desenlace.

FIN DE LOS SPOILERS

Por eso, con Ann Leckie podemos aprender a planificar bien nuestros flashbacks (si decidimos incluirlos) para ver qué información vamos dando y qué sensación podemos crear en los lectores con ellos, manteniendo así el misterio de nuestra trama.

Bram Stoker

Bram Stoker

Ya os hablé de Drácula en esta entrada y esta otra, así que no me extenderé mucho en su trama y me centraré en lo interesante que me pareció el uso de los diferentes narradores (por medio de cartas y entradas de diario) para mantener la atmósfera de misterio que rodea al conde Drácula durante toda la novela. Cada personaje tiene una experiencia distinta con el vampiro, cada uno conoce algo diferente de él; más que del propio conde, de los sucesos que están ocurriendo a su alrededor: Harker lo conoce en persona, Lucy lo encuentra en su forma no humana, y Seward por medio de su paciente, Renfield. Con sus puntos de vista nos formamos una idea de cómo es Drácula como si de un cuadro impresionista se tratara, y hacia el final de la novela estas tramas convergen en el desenlace.

Por tanto, de Bram Stoker podemos aprender a usar diferentes narradores y diferentes puntos de vista para desgranar nuestra trama y presentarla en pequeñas dosis, con el fin de mantener la intriga del lector.

 

4. El poder de las pistas que pasan desapercibidas

Patrick Rothfuss

Cuando terminamos un libro, echamos la vista atrás y pensamos ‘¡claro, las pistas estaban ahí todo el tiempo, ¿cómo no me he dado cuenta?’ suele ser signo de una trama muy bien planeada. Nos han dado la información durante toda la historia, sin ponérnosla en bandeja, y, cuando esta se ha resuelto, no hay agujeros ni nos sentimos engañados porque estaba todo muy bien hilado. Pues algo parecido me pasó al leer Crónica del asesino de reyesque tuve la sensación de que cuando se resolvía una subtrama (en parte, hasta que no termine la saga no podremos decir hasta qué punto siguen abiertas o no), mi mente recordaba todos los elementos que había pasado por alto mientras leía. Esto requiere mucha planificación de todo el entramado del mundo y la historia, así como de las pistas que se van a ir ofreciendo y en qué momento se van a dejar. Es una forma de contar historias que es sutil y refleja la destreza de quien escribe.

Por eso, de Rothfuss podemos aprender que es mejor ir dejando pistas sutiles durante toda la trama, así como a planificar cómo y cuándo describiremos los pequeños detalles que luego serán clave para el desenlace.

 


Hasta aquí esta lista de lo que he aprendido de estos grandes libros. ¿Qué novelas os han ayudado a aprender sobre escritura? No dudéis en dejar vuestro comentario aquí abajo.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 


Imagen de portada vía stevepb

2 comentarios sobre “Leer para aprender

  1. Me ha gustado mucho el post, Fani. Y también las referencias que has escogido como Virginia o Margaret… Y por supuesto a Javier 😉

    Estoy de acuerdo contigo en que, una vez que te metes de lleno en lo de escribir, leer ya no vuelve a ser igual. Además, suelo leer de manera más impaciente ahora, anhelando poder aprender mucho más.

    Le gusta a 1 persona

    1. Yo creo que todos los que conocemos a Javier aprendemos siempre algo de él 🙂
      En cuanto a lo de que la lectura ya no vuelve a ser igual, a veces incluso echo de menos leer de forma más ‘inocente’, por decirlo así, sin intentar destripar los recursos narrativos empleados, ni nada por el estilo. Pero luego también pienso que, al darnos cuenta como escritoras lectoras de esos truquillos, podemos apreciar de una manera distinta esas obras. Todo tiene sus ventajas.
      Un abrazo, Miriam y mil gracias por pasarte 🙂

      Le gusta a 1 persona

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