Cambio de personalidad de los personajes

Cómo describir los cambios de personalidad y el aprendizaje de los personajes

Si nos preguntan qué hace que un personaje sea un buen personaje, en el sentido narrativo, una de las razones que se nos viene a la cabeza es que tiene un buen desarrollo a lo largo de la historia. No solo se refiere esto a que le sucedan cosas, sino a que el personaje cambia y crece conforme va superando esas cosas que le pasan. Se trata ni más ni menos del aprendizaje y de los cambios de personalidad, una pieza clave en la creación de personajes.

La personalidad es un constructo que ha sido estudiado en Psicología a lo largo de los años. Una de las definiciones clásicas (y que me viene bien para esta entrada) la da Allport y se refiere a “la integración de todos los rasgos y características del individuo que determinan su forma de comportarse”. La personalidad es, por lo general, estable en el tiempo, pero es posible que diversos factores cambien ciertos aspectos de la misma. Estos factores tienen en común una cosa: se basan en el aprendizaje de nuevos tipos de respuesta frente a estímulos y eventos externos e internos, que pueden ser nuevos o conocidos. Para poneros un ejemplo sencillo, imaginaros una persona vergonzosa que nunca ha hablado en público. Su patrón de comportamiento aprendido es el de evitar situaciones donde tenga que enfrentarse a una audiencia de varias personas; a esto se suman reacciones fisiológicas como sudor, temblor o dolor de estómago. Si alguien tuviera que describir a esta persona, diría que es tímida, vergonzosa y demás calificativos similares. Ahora imaginad que durante la carrera universitaria se ha visto obligada a hacer exposiciones, tantas que ahora ya no siente el mismo nerviosismo que antes. Si alguien que no conocía a esta persona la ve por primera vez, dirá que su personalidad es decidida, que está segura de sí misma, etc. Su patrón de comportamiento ha cambiado ante el mismo evento: ahora no evita con el mismo esfuerzo el hablar en público ni tampoco suda, tiembla ni le duele el estómago como antes.

¿Para qué toda esta charla? Pues porque es necesario que sepamos cómo escribir los cambios de personalidad de nuestros personajes para que los lectores los aprecien como verosímiles.

Podemos clasificar estos cambios de personalidad en dos, aunque, como ya he dicho, la base es la misma:

  • Cambios producidos por un hecho extraordinario y que provocan un proceso de adaptación durante un tiempo, como por ejemplo, una ruptura sentimental: después del periodo de separación, se vuelve al estado anterior con ligeros cambios, que suelen relacionarse con ese ámbito (por ejemplo, ser más precavidos con las nuevas parejas).
  • Cambios paulatinos producidos por un suceso prolongado en el tiempo, como por ejemplo, independizarse de casa de los padres: el proceso de adaptación es mayor, pues el cambio suele ser permanente (te vas de casa para siempre) y más relevante (te organizas las comidas, la limpieza, te administras económicamente y todo lo que conlleva vivir fuera de casa, lo que te convierte en una persona más responsable y madura).

En muchas obras y, sobre todo, en series de televisión, veo que a los personajes les suceden cosas, por lo general negativas, pero luego estas no tienen ningún impacto en los personajes más allá de lo que dura el capítulo o la escena. Os voy a poner ejemplos de dos series donde dos sucesos traumáticos que a cualquiera le marcarían para siempre se tratan de forma diferente: A dos metros bajo tierraGlee. Brace yourselves, spoilers are coming:

YA EN SERIO, SI NO HABÉIS VISTO ESTAS SERIES Y TENÉIS INTENCIÓN DE HACERLO, SALTAROS ESTOS PÁRRAFOS HASTA EL SIGUIENTE AVISO.

  • A dos metros bajo tierra. En la temporada cuatro, David Fisher, el hijo mediano de la familia protagonista, es secuestrado. Desde este suceso hasta el final de la temporada vemos que David tiene pesadillas, pensamientos recurrentes, humor irascible y ataques de pánico (muy bien descritos, por cierto) que empiezan a remitir cuando afronta a su agresor (aunque durante la quinta temporada sus ataques de pánico regresan debido al estrés y a los sucesos familiares de la última temporada). Los guionistas no se olvidaron de que David pasó por esa situación traumática y dieron espacio y tiempo para explorar las reacciones del personaje y que su evolución reflejara esa experiencia.
A dos metros bajo tierra
Además, esta trama nos brindó una de las mejores escenas entre Nathaniel y David.
  • Glee. Aunque es una de mis series preferidas y he vivido muy buenos momentos con Glee, las pifias en cuanto a guión y, sobre todo, en cuanto a desarrollo de personajes son ampliamente conocidas entre los fans de la serie. Al principio de la primera temporada, Quinn Fabray, la jefa de las animadoras, se queda embarazada de Puck, uno de los malotes, y este embarazo le causa muchos problemas: sus padres la echan de casa y tiene que quedarse en casa de una de sus amigas, tiene problemas con su novio y con el padre de su hijo, a lo que hay que sumar el desajuste hormonal propio del embarazo y el hecho de que en el último capítulo, cuando da a luz, tiene que entregar a su hija en adopción a la madre biológica de su archienemiga. Pues en la segunda temporada parece como si todo esto nunca hubiera pasado. Solo en la tercera vuelven a traer el tema y de una forma un poco forzada.

Glee

 

 

FIN DE LOS SPOILERS

Bien, ahora que tenemos estos conceptos claros, lo que nos interesa como escritores es saber cómo plasmar estos cambios de forma verosímil en nuestras historias. A continuación, os doy seis trucos que pueden ayudaros a reflejar la evolución de la personalidad de vuestros personajes. Para que estos tres consejos se vean más claros, os pongo como ejemplo de suceso de cambio un accidente de coche.

1. Describir las conductas y actitudes normales antes del cambio

Imaginad un personaje que desde el comienzo de nuestra historia es jovial, alegre, extrovertido y social. Ahora tenemos que hacer una lluvia de ideas o una pequeña lista de conductas y actitudes que reflejen esa jovialidad y sociabilidad. Tenemos, por ejemplo: sonreír a menudo, gastar bromas, iniciar conversaciones de manera fluida, preocuparse por que otras personas también participen en las conversaciones, contar anécdotas, etc. Desde el comienzo de nuestra historia, tenemos que procurar escribir escenas en que este personaje haga algunas de estas conductas que hemos desglosado.

2. Determinar qué sucesos provocan reacciones normales antes del cambio

También tenemos que saber qué reacciones son normales en nuestro personaje en su día a día y qué sucesos provocan esas reacciones. Nuestro personaje del ejemplo sonríe y gasta bromas cuando está con sus amigos y con su familia y le gusta hablar y se interesa por la gente cuando conoce a personas nuevas. También trabaja en una tienda de alimentación y es amable con los clientes y les cuenta anécdotas cuando llegan clientes habituales. En su tiempo libre le gusta ver los campeonatos de coches y motos y le gusta jugar a videojuegos de deportes y acción con sus sobrinos.

3. Mostrar reiteradamente las conductas y actitudes previas al cambio

El objetivo de este punto no es otro que mostrar la estabilidad que caracteriza a la personalidad. Podemos describir repetidamente estos comportamientos de muchas maneras: hacer que nuestro personaje haga alguna acción de las que hemos desglosado (una escena en la que es amable con sus clientes), que se vea reflejada su conducta en los diálogos (con acotaciones en las que sonría o se ría a carcajadas), por medio de otros personajes que interactúan con él (que estos comenten sobre su personalidad: ‘¡Fulanito, siempre estás con las bromas!’), etc. De esta forma el lector se acostumbrará a su forma de ser y se dará cuenta cuando esta cambie.

Muestra, no cuentes

4. Determinar qué conductas y reacciones serán las opuestas a las normales

Ahora tenemos que hacer otra lluvia de ideas o pequeña lista para tener claro cuáles son las conductas y reacciones que van a reflejar un estado de ánimo o personalidad post-cambio. En nuestro ejemplo, después de que nuestro personaje haya tenido un accidente de tráfico, decidimos que va a ser más serio y reservado, por lo que elegimos como conductas nuevas u opuestas las siguientes: sonreír y bromear menos, iniciar menos conversaciones o finalizarlas más pronto, tomarse las palabras de los demás muy en serio, etc.

5. Determinar qué sucesos provocan estas nuevas conductas y reacciones

Pueden ser las mismas situaciones del punto 2, pero con diferente resultado, o pueden ser otras diferentes más relacionadas con el punto de cambio (el accidente), como cruzar la calle y escuchar el pitido de los coches. Incluso podemos añadir algunas que no estén relacionadas, pero que despierten en el personaje estas reacciones (esto está relacionado con el estrés post-traumático y la ansiedad que afecta aunque no haya motivo aparente).

6. Mostrar al personaje teniendo las nuevas reacciones y conductas tras el cambio.

Como sucedía en el punto 3, ahora tenemos que escribir escenas en las que nuestro personaje reaccione de forma diferente desde que le sucedió el evento que provocó un cambio en su personalidad. Podemos mostrarlo de forma reiterada como en el punto 3 o con menos frecuencia pero hacerlo de forma más relevante, dependiendo del efecto que queramos provocar en los lectores. Por ejemplo, podemos describir varias veces estas conductas nuevas (reír y bromear menos, ser más serio con sus clientes, jugar menos con sus sobrinos, etc.) o ser muy contundentes con una sola (que alguien haga una broma y nuestro personaje se enfade desproporcionadamente). No obstante, adaptarse a los cambios lleva tiempo y, mientras nos ajustamos a la nueva situación, solemos intentar mantener las conductas de siempre. Nuestro personaje intentará llevar su vida normal después del accidente, por lo que intentará hacer lo que hacía antes (bromear, ver los deportes de carreras, etc.), así que también podemos jugar con esto en nuestra narración. Siempre que tengamos en cuenta que el lector debe darse cuenta de que algo ha cambiado y no marcha como siempre, las opciones son muy amplias.

Bonus: Los personajes también pueden tener conductas de afrontamiento.

Estas conductas de afrontamiento son conductas ‘añadidas’ cuya finalidad es la adaptación al cambio. La tipología puede ser amplia, pero el objetivo es el mismo: superar dicho cambio. Pueden ir desde consumir pastillas para dormir, abusar de drogas, hasta empezar a hacer ejercicio, obsesionarse por alguna actividad (limpiar, cocinar, comprar), etc. Suelen ser actividades que antes no hacían o que hacían poco y ahora hacen con mayor frecuencia. También dependen del tipo de cambio al que tengan que adaptarse: no es lo mismo afrontar un accidente de coche que una ruptura o independizarse de casa.

 


Hasta aquí estos consejos para plasmar la personalidad de nuestros personajes. ¿Vosotros cómo lo hacéis? ¿Qué otros consejos añadiríais? Espero vuestros comentarios.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

 


Imagen de portada de Nina ‘H

15 comentarios sobre “Cómo describir los cambios de personalidad y el aprendizaje de los personajes

  1. Me encantó el artículo. Engranar al personaje durante la trama es una de las cuestiones más difíciles de la narrativa actual, sobre todo cuando nos enfrentamos al conflicto principal de la trama. ¿Ha madurado mi personaje lo suficiente para superar este conflicto? ¿Tiene las herramientas para superarlo? ¿De verdad está listo? A veces sentimos, en mi caso cuando voy montando la novela, que la trama avanza y avanza, pero mi personaje está en el mismo lugar, como si poco le interesara lo que ocurre a su alrededor.

    Lo que expones me parece que hay que ponerlo en la cabecera y leerlo detenidamente en muchas ocasiones.

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  2. Muchas gracias por esta entrada ¡Me ha hecho reflexionar bastante! Durante el proceso que estoy viviendo con mi primera novela, siempre he tenido dudas sobre mi personaje femenino (si lo he sabido llevar bien, si he sabido plasmar el cambio que se produce en ella…) y después de leer tu post y hacer una comparativa, creo que está bien y está plasmado como yo quería (veremos lo que opinan los lectores jeje) Así que te agradezco mucho este tipo de artículos porque me enseñan muchísimo y me ayudan a crecer como escritora ¡Gracias!

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  3. Hola, Fani!

    Me ha encantado tu artículo, aporta mucho valor desde el campo psicológico y va a lo concreto, que es lo que hace falta.

    Creo que uno de los puntos más sutiles que mencionas en tu artículo es la reacción de los otros personajes a los cambios que operan en el personaje afectado. Comentarios sobre las bromas que solía hacer, las costumbres que tenía, o un bien encajado “tú antes molabas, tío”, tienen mucha fuerza, como si aportáramos testigos a un juicio.

    Tu blog ha sido un gran descubrimiento. Te sigo y espero aprender más literatura y psicología contigo.

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    1. ¡Muchas gracias por pasarte, Marta! Tienes toda la razón, las reacciones de otras personas son un aspecto muy sutil y, para mi gusto, aportan tridimensionalidad al personaje.
      Me alegra que te guste la página y bienvenida a mi casa virtual. Si te interesa leer artículos de literatura y psicología también te recomiendo el blog de Guillermo Jiménez (https://lecturonauta.wordpress.com/), que es muy interesante.
      ¡Un saludo!

      Me gusta

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