Mis escritoras: Mary Shelley

Una de las novelas góticas y de género más conocidas es sin duda Frankenstein o el moderno Prometeo y todos conocemos la historia en mayor o menor medida gracias a las adaptaciones, retellings y demás transformaciones de la obra desde su publicación. Tras este clásico de la literatura está la escritora Mary Shelley, de cuyo nacimiento se cumplen hoy 220 años.

Vida

Mary nació un 30 de agosto de 1797 en Londres. Su madre, la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, murió después del parto y fue su padre, William Godwin, y su hermanastra, Fanny Imlay, quienes criaron a la recién nacida. El padre se casó entonces por segunda vez con Mary Jane Clairmont. En ausencia de su madre, Godwin se encargó de la amplia educación de Mary y le permitió leer sus libros y estar con los amigos intelectuales que lo visitaban, entre ellos el vicepresidente de los Estados Unidos, Aaron Burr.

Aaron Burr
Mary was in the room where it happened.

Esa educación, en su mayoría no formal, permitió a Mary distinguirse a temprana edad como una mujer de mente activa y adelantada. Con apenas 17 años, conoció a Percy Bysshe Shelley, el cual pretendía encargarse de las deudas de Godwin, y comenzó un romance con él. No obstante, Percy no pudo cumplir su promesa, lo que hizo que Godwin se sintiera traicionado, por lo que la relación entre Mary y Percy pasó a la clandestinidad. La pareja viajó con la hermanastra de Mary, Claire Clairmont, a Francia y a su regreso, su situación económica empeoró y la primera hija de la pareja murió a los pocos meses. Poco tiempo después, Mary volvió a quedarse embarazada y dio a luz a su hijo William.

Meses después del nacimiento de su hijo, Mary y Percy viajaron a Suiza con su amigo Lord Byron donde, por las noches, se entretenían contándose historias de fantasmas. Lord Byron les propuso entonces que cada uno se inventara una y así fue como Mary Shelley comenzó la escritura de la que sería su obra más conocida: Frankenstein o el moderno Prometeo.

Mary Shelley sufrió muchos contratiempos en su vida, la mayoría relacionados con la muerte de algún ser querido, entre ellos, su hermanastra Fanny Imlay, tres de sus hijos, un aborto y también la muerte de Percy. Cuando este falleció, regresó a Inglaterra, donde continuó escribiendo y siguió los pasos feministas de su madre. Ayudó a muchas mujeres que se veían marginadas por la sociedad como, por ejemplo, su amiga Isabel Robinson y su amante Mary Diana Dods, a quienes consiguió pasaportes falsos para que pudieran vivir juntas como marido y mujer en Francia.

Shelley murió con cincuenta y tres años de un tumor cerebral y fue enterrada junto a sus padres y las cenizas del corazón de Percy Shelley en la iglesia de San Pedro de Bournemouth.

Frankestein o el moderno Prometeo (1818)

La obra está narrada en forma de epístola que el capitán Walton le envía a su hermana Margaret durante una expedición al Polo Norte, donde, tras ver un trineo conducido por una enorme y extraña figura, rescatan al profesor Víctor Frankenstein. Frankenstein relata entonces su historia, desde su infancia feliz hasta sus años en la universidad de Ingolstadt, donde progresa en sus conocimientos sobre diversas ciencias y el dudoso arte de devolver la vida a la materia muerta. Entonces decide crear un hombre, juntando diversas partes, y otorgarle vida. Ya sabréis cómo acaba el asunto, Frankenstein crea el ya famoso monstruo que acabó llevándolo por una espiral de desesperación y enfermedad.

Monstruo de Frankestein
Esta imagen del monstruo es la que se nos viene a la cabeza.  

No me detendré mucho en el argumento, pues es bastante conocido, aunque la imagen que tenemos del monstruo gracias al cine es ligeramente diferente a la de la novela de Shelley: no se hace mención de que Frankenstein lo creara usando electricidad y su aspecto físico es bastante más desagradable a como suele ser representado en la gran pantalla.

Penny Dreadful
El monstruo se llamaba John Clare en la serie ‘Penny Dreadful’.

Un elemento muy frecuente en muchas obras de ficción del s. XIX (y de otros siglos, incluido el XX y el XXI, aunque en menor medida) es la asociación fealdad-maldad. La presentación de los personajes como feos, con deformidades físicas o con aspecto descuidado y sucio nos advertía ya de antemano de que nos encontrábamos ante personas de malas intenciones, de alma impura y, casi siempre, los principales antagonistas de los héroes de la historia. Tenemos muchos ejemplos de esto en la literatura, como Mr. Hyde de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, Fagin y Artful Dodger de Oliver Twist, Erik de El fantasma de la ópera o la Celestina. En Frankenstein, vemos esta característica llevada al extremo: el monstruo, caracterizado como tal, comete muchas atrocidades a lo largo de la novela. El doctor reniega de él al ver que no le ha salido como tenía previsto, pues siente miedo de su aspecto, que asocia inmediatamente con fealdad de espíritu. Para mí, Victor Frankenstein representa la percepción determinista de los prejuicios, el rechazo a lo desconocido, la falta de intención por conocerlo y la elusión de las responsabilidades.

La diferencia entre el monstruo de Frankenstein y los ejemplos que he puesto antes de fealdad-maldad es que conocemos la versión de la otra parte. En la novela se nos narran los hechos también desde la perspectiva del monstruo y es entonces cuando conocemos sus motivaciones y ese lado más humano que creíamos que no tenía al ver solo la postura del doctor Frankenstein. Gracias al relato del monstruo, sabemos que fue abandonado a su suerte, sin ayuda ni cariño en un mundo donde, como hizo su propio creador, todos lo rechazaban por su aspecto. La falta de guía sobre cómo desenvolverse en el mundo lo llevó a buscarse las habichuelas, recurrir a métodos poco ortodoxos y, en última instancia, a vengarse por la negligencia de su creador. El monstruo llegó a experimentar una soledad y desolación extremas que no conseguía superar y que lo corrompieron poco a poco.

“Satán tiene sus compañeros, otros diablos, para admirarle y darle coraje, pero yo estoy solo y soy aborrecido.”

Esta cita es, por sí sola, fulminante: el mismo diablo parece tener más derecho a la compañía de otros que el monstruo de Frankenstein, que tan solo ha tenido la mala suerte de ser feo y abandonado.

Su creador, por otra parte, se creía un dios capaz de todo, hasta de dar vida a la materia muerta, pero no quiso hacerse cargo de su obra cuando vio que no salió como él había planeado. Eso fue lo que desencadenó todo lo que después le ocurrió y lo que llevó al doctor a la decadencia. Quizá el abandono de Frankenstein sin dar una oportunidad fue el acto más despiadado en la obra de Shelley (los asesinatos también, pero ya me entendéis). Y es una enseñanza que también se puede extrapolar a otras situaciones cotidianas: desde hacernos responsables de nuestras palabras hasta, por ejemplo, ser responsables de nuestros hijos y su apropiada educación. En definitiva, la obra de Shelley, con una premisa tan sencilla, se presta a muchas y muy ricas interpretaciones.

 


 

Y hasta aquí el post de hoy. ¿Habéis leído este clásico de la literatura? ¿Conocéis otras obras de Mary Shelley? No dudéis en comentar.

Un saludo y que la literatura os acompañe.

3 comentarios sobre “Mis escritoras: Mary Shelley

  1. Pingback: Wrap up de 2017 |

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