Bury my gays

Hace cerca de dos años y medio que se me ocurrió la idea de la novela que estoy escribiendo ahora. Tenía escenas muy claras desde el principio y hasta ya las tengo escritas. Estaba muy contenta con esas escenas y con las ideas que se me iban ocurriendo.

Aviso a navegantes: esta entrada contiene spoilers de The 100, Lost Girl, The L Word y The Handmaid’s Tale (la serie)

Fin del aviso

Hasta que Lexa murió. El capítulo 3×07 de The 100 supuso un mazazo muy grande para las fans de la comandante y, más concretamente, para sus fans lesbianas.

Si ya había visto morir a otras lesbianas en series, ¿por qué me indignaba tanto la muerte de Lexa? ¿Por qué nos indignaba tanto? Si conocéis y habéis visto la serie, supongo que coincidiréis conmigo en que era (hablo en pasado porque ya no la veo) una serie muy buena de ciencia ficción y que, gracias a Lexa y Clarke, teníamos a dos personajes femeninos complejos, fuertes, líderes de sus respectivos grupos y, además, LGTB+. No solo eso, sino que su salida del armario había sido de lo más normal y nos demostraba que en el universo de The 100, la homosexualidad estaba aceptada. Así, sin más.

Tras la muerte de Lexa, hubo un gran revuelo entre las fans que dio como resultado, entre otras cosas, que la serie perdiera espectadores, que el creador, Jason Rothenberg, perdiera seguidores en Twitter estrepitosamente, y que se creara el movimiento We Deserve Better (‘Nos merecemos algo mejor’), con el cual, no solo se consiguió reunir las quejas de miles de fans cansados de esta epidemia de muertes de personajes LGBT+ en la ficción, sino que se recaudaron fondos para The Trevor Project (una asociación que da apoyo a jóvenes LGBT+ en riesgo de suicidio y discriminación) y hasta se creó la Clexacon, una convención similar a la Comic Con, pero exclusivamente con personajes lésbicos. No tengo el recuerdo de que una muerte ficticia haya provocado tal revuelo y tales iniciativas, pero eso tan solo me deja clara una cosa: la bomba había estallado.

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Por esa época leí muchos artículos y comentarios por las redes sociales sobre el ‘bury your gays’ (‘entierra a tus gays’) y pensaba: ‘¿por qué me indigno si yo misma tengo escrita la muerte de una de las lesbianas de mi historia?’. Y, efectivamente, esa trama era una de las más importantes de mi historia y esa muerte daba el último empujón y servía de motivación a la protagonista para continuar. Seguí manteniendo la muerte a pesar de todo, solo que entonces me empecé a plantear varias cosas.

Si mi personaje LGBT+ muere solo porque me estorba para la trama (sobre todo la trama heterosexual), ¿se puede perdonar? Aquí la respuesta, para mí, está mucho más clara, sobre todo para fans LGBT+. De hecho, esto es lo que me deja mayor sensación de frustración y desolación, no sé si os pasará también a vosotros/as.

Si la trama lo requiere, ¿se puede perdonar la muerte de un personaje LGBT+? Vuelvo con el tema Lexa. En The 100, una serie basada en una Tierra post-apocalíptica, donde el principal objetivo es sobrevivir a los peligros de la Tierra, muchos personajes murieron en las dos temporadas y media que yo vi. Era algo normal e, incluso esperable. La muerte de Lexa, además, nos permitía descubrir qué había pasado tiempo atrás y cómo funcionaba realmente la elección de las comandantes de su clan. Si no hubiera muerto, no lo habríamos sabido o, al menos, tendríamos que haber esperado a otro momento en que los guionistas decidieran darnos esa información. Pero eso ya no lo sabremos.

Si hay una buena representación LGBT+ en la historia, ¿se puede perdonar la muerte de uno de sus personajes? Con Dana Fairbanks (The L Word) y Tamsin (Lost Girl) pasaba algo parecido. The L Word era una serie en la que el 90% de los personajes eran LGBT+, por lo tanto, la muerte de Dana equivalía a la muerte de cualquier personaje hetero en cualquier otra serie; en Lost Girl, pasaba algo similar: teníamos cinco bisexuales (tres mujeres y dos hombres), una lesbiana (si contamos a su ex, que solo apareció en un par de capítulos, pues dos), es decir, que el hecho de que Tamsin muriera justo en el último capítulo no restaba representatividad.

Cada día, gracias a las redes sociales, conozco a más autores y autoras que, como yo, escriben un gran porcentaje de personajes LGBT+ en sus novelas y me pregunto si también se han planteado este dilema. En una historia con personajes cishetero, cuando alguno muere, no existe mayor problema que el de si ha muerto tu personaje favorito o no o si ha sido un buen plot twist. Sin embargo, una muerte LGBT+ suele tener una repercusión mayor entre el público LGBT+ porque favorece a la idea de que las personas LGBT+ no podemos tener un final feliz. Pero, si en nuestras historias existe una mayoría de personajes LGBT+ normalizados y bien construidos y nuestras tramas no tienen nada que ver con la orientación sexual y la identidad de género, ¿no deberíamos contemplar la muerte de uno de estos personajes como cualquier otra muerte en cualquier otra historia, sin ese miedo a traicionar a nuestros lectores LGBT+? Porque yo os aseguro que, en todo este tiempo que he estado dándole vueltas a la muerte de mi personaje, tenía esa sensación de estar traicionándome a mí misma y a todo el colectivo. Sin embargo, se trataría de una cuestión de probabilidad; si en nuestras novelas hay mayor porcentaje de personajes LGBT+, entonces es más probable que si sucede algo malo, les pase a estos personajes. ¿Nos debemos cohibir de escribir ese final trágico solo por no engrosar las estadísticas?

Yo creo en la literatura responsable, en esa que huye de clichés y acoge la diversidad en pos de la normalización, por lo que escribir una historia ‘normal’ debería pasar también por escribir una muerte si la trama lo requiere, ¿no?

Hace poco leí este recap de AfterEllen (en inglés) sobre el capítulo 1×03 de ‘The Handmaid’s Tale’ en el que arrestan a Ofglen y ejecutan a una Martha por ‘traición de género’ (vamos, por lesbiana). En el libro no sucede nada de esto e incluso las Criadas que son lesbianas no son arrestadas ni condenadas por ello mientras acaten las estrictas normas de esa sociedad; sin embargo, en la serie sí sucede. En algunos comentarios del artículo, se puede leer que es normal que en una historia ambientada en una teocracia tan severa como la de Gilead sucedan estas ejecuciones. Y tiene mucha razón. Pero luego leí otro comentario, que fue el que realmente me hizo plantearme todo este tema de nuevo: se podía haber mostrado esa severidad y esa opresión a las mujeres de otro modo, tomando otro ejemplo de las acciones que se consideran delito en Gilead, sin necesidad de añadir otro número a la preocupante estadística de muertes LGBT+. Y también tiene mucha razón.

bury your gays

Ese es el motivo que me ha llevado a decirme a mí misma: ‘Fani, no mates a tu lesbiana. Busca una alternativa’.

Todas las reflexiones que tuve tras leer este artículo me han hecho darme cuenta de que el hecho de que yo escriba muchos personajes LGBT+ no significa que en el panorama literario general pase igual. La gran mayoría de lectores y espectadores LGBT+ todavía necesitamos sentirnos representados en la ficción de forma sana y exentos de ese halo de tragedia que nos suele rodear cada vez que aparecemos en escena. ¿De qué les serviría a los potenciales lectores de mi novela ‘A’ que yo escriba miles de personajes LGBT+ en las siguientes novelas ‘B’, ‘C’, ‘D’… si ya en la primera les doy esa puñalada trapera?

Así que aquí estoy, quebrándome la cabeza para ver qué motivación le doy a la protagonista de mi historia ahora que su novia ya no va a morir. Esta decisión me está desbarajustando los planes pero también me supone un reto que me apetece superar.

Eso sí, aunque me gusta mezclar la planificación e improvisación y soy escritora de brújula y mapa, ahora con este cambio de planes me siento escritora John Travolta:

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¿Vosotros/as qué opináis? ¿Habéis tenido también este dilema quienes escribís personajes LGBT+?

No dudéis en comentar sobre este tema, porque da para largo.

Un saludo y que la literatura os acompañe.


Imagen de portada extraída de WeDeserveBetter.com

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6 comentarios en “Bury my gays

  1. En mi caso, no puedo evitar, al menos cuando intento crear un universo de la nada que, inevitablemente está basado en mi día a día y en el contexto que me rodea, añadir personajes de todo tipo, condición, género… E intentar dotarlos a todos de cierta relevancia (que siempre queda, se quiera o no, descompensada de un modo u otro).

    Si bien no me gusta etiquetar a los personajes sí que intento insinuar sus características porque en mi día a día conozco a personas de todo tipo (me refiero a gays, heteros, de aquí, de allí…) y si ignorara esta realidad que vivo día tras día mi creación carecería tanto de normalidad como de verosimilitud.

    A mí el dilema me llega cuando no quiero etiquetar a los personajes, pero cuando tampoco quiero que su caracterización permanezca invisible o demasiado sutil como para que todo el mundo lo perciba. Debo trabajar en este aspecto que me ha llevado a darle muchas vueltas al asunto y que el aspecto quede claro, a veces sin necesidad de que el personaje llegue a tener relaciones con otros personajes para explicarlo.

    En todo caso, se agradece la creación tanto de personajes LGTB (aunque no me guste la etiqueta debo decir que es una forma fácil de decirlo) como la caracterización e importancia que se les da, siempre que se haga desde un punto de vista natural y real. Aún así, sé que hay mucha intolerancia con el tema y que hay gente que rechaza este tipo de literatura (también me indigna que suponga un género en sí misma ya que es algo que debería normalizarse).

    Menudo rollo, en fin, ¡mucho ánimo con ese quebradero de cabeza! Creo que haces bien en abandonar los cánones.

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    1. ¡Muchas gracias, David, por pasarte! Sí, a la hora de crear un mundo y que sea verosímil hay que contemplar la gran variedad que existe en la realidad y hacerlo con propiedad, porque así es como yo creo que se conseguirá que se normalice y el número de gente que lo rechaza sea menor. En cuanto a las etiquetas, coincido contigo, aunque con matices. Como bien dices, lo ideal sería no etiquetar, pero también creo que ahora mismo estamos en una época en que es necesario poner nombre para que se visibilice. Creo que, en cuanto a minorías y movimientos sociales, culturales, políticos, etc., la sociedad sigue un proceso de aceptación que va del ‘no sé lo que es, lo rechazo’, pasando por el ‘le pongo un nombre para poder manejarme con el concepto’ hasta que se conoce a fondo, se acepta y ya esa etiqueta no hace falta porque está asimilada (te pongo la epilepsia como ejemplo, que antes se pensaba que era una posesión demoníaca y ahora ya se sabe lo que es). Pero sí, ojalá que dentro de poco no hagan falta etiquetas.
      Un saludo 🙂

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  2. Uff, has tocado un tema que puede ser peliagudo. Antes que nada decirte que no he visto las series que nombras pero de lo que sí me he dado cuenta de que en series varias y films, hay una terrible inclinación a matar primero a los personajes que pertenecen a una minoría, sea cual sea, ya sea étnica o sexual o de cualquier índole pero minoría. Hay pelis en las que sabes de antemano que va a morir primero que nadie el negro, es así…y puede que ahora, con la mayor visibilización del colectivo LGTB os toque a vosotros. Hay una especie de tendencia a seguir una normatividad absurda que penaliza las diferencias. Si el personaje debe morir porque es absolutamente necesario para la trama, adelante, mátalo, pero antes habría que pararse a pensar por qué ese personaje y no otro. Imagino que posiciones tan comerciales como una mayoría de espectadores heteros puede desequilibrar esa balanza. Desafortunadamente visibilización no es normalización y eso puede ser un factor importante de cara a esa heteronormativa imperante que responde a criterios comerciales. Gracias por tu articulo y un besito.

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    1. Gracias a ti por pasarte 🙂
      Sí, como dices, se tiende mucho a darle siempre el gusto a la mayoría y seguir con la heteronormatividad. Y si ya hablamos de que se trate de una serie o película ‘familiar’ o para jóvenes o niños, entonces ya sí que nos metemos en un buen berenjenal. Hay tanto por hacer y uno de los primeros pasos es la concienciación, que parece que se hace de rogar.
      ¡Un saludo, Nina!

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