Diario de un búho

Halloween es sin duda una de las fiestas más celebradas en los últimos años. La excusa perfecta para disfrazarse de tu personaje de terror favorito y también la excusa perfecta para leer relatos de miedo. He querido rescatar un intento de thriller que escribí cuando tenía dieciséis o diecisiete años (más que nada porque es el único que he escrito de este género) titulado ‘Diario de un búho’. Aquí os lo dejo:

 


5 de Marzo 19:39

Otro día más en la universidad. Últimamente no ocurre nada interesante. Bueno sí, que suspendí el examen de Psicología de la Personalidad de la semana pasada. Estoy pensando seriamente en dejarlo. Con lo poco que gano en la tienda no llego para el apartamento, el coche… Walter sigue animándome para que no lo haga, siempre me dice que yo valgo mucho, que solo necesito un empujoncito… No sé quien le pagará para que diga esas cosas de mí. En fin, ¿qué haría yo sin el bueno de Walter? Creo que aguanto por él, porque sé que va a estar ahí para apoyarme. Siempre he creído que es gay, pero no estoy segura. No quiero preguntárselo y que crea que le estoy forzando a decirlo si no quiere. Puede que sea por eso por lo que confío tanto en él, porque no me lo imagino queriendo algo más. Ya me he decidido a contarle lo de Martin. Coinciden en la clase de Neuropsicología y espero que se lleven bien. Seguro que se alegra de saber que me gusta.

Tina

Tina salía de la tienda de discos donde trabajaba todas las tardes. En la puerta le esperaba Walter, su gran amigo. Ambos tenían una relación muy cercana, eran casi como hermanos. Parece difícil que un chico y una chica tuvieran una amistad como la suya sin que surgiera la chispa del amor, ni siquiera un amor fugaz y efímero. Cuando lo vio, Tina pareció sorprenderse. No le esperaba allí, pero aun así pensó que sería una buena oportunidad para contarle lo que sentía por Martin.

—Hola, ¿qué haces aquí?

—He venido por si querías tomar algo. Supongo que estarás cansada de tanta música —dijo Walter, sonriendo.

—Lo siento… Ya había quedado. Precisamente quería hablarte de eso. —Ella se agarró de su brazo como solía hacer mientras caminaban.

—¿De qué? —Se extrañó Walter.

—He quedado con Martin.

—¿Estáis saliendo?

—No, pero no estaría mal —contestó Tina entre risas.

Siguieron caminando hasta el coche de Tina. Una vez allí, ella se despidió de Walter con un beso en la mejilla y se fue.

7 de Marzo 21:03

Ayer volví a salir con Martin. Esta vez fuimos a cenar a un restaurante del centro. No fue de lo más romántico, pero tampoco esperaba que lo fuera. Solo nos estamos conociendo. Estuvimos charlando durante la cena y después paseando por el parque. Sabía que no era una cita y eso me hace pensar que tiene buenas intenciones. No es como otros que he conocido, que solo quieren llevarte a la cama. Vamos poco a poco. El próximo fin de semana hemos quedado en su habitación de la residencia de la universidad y esta vez sí que será una cita.

Tina

Ese sábado, Walter y Tina fueron a desayunar a una cafetería cercana a la universidad. Ella le habló de su pseudo-cita. Walter parecía algo escéptico y no muy confiado. No conocía muy bien a Martin, pero le había observado. Si algo caracterizaba a Walter era que, a pesar de ser un chico reservado, resultaba extremadamente observador y analítico. Así como un búho contempla al resto de animales antes de atacar, Walter observaba a Martin en su hábitat natural.

—Parece que vais en serio —comentó Walter.

—Todavía no estamos saliendo.

—No creo que sea adecuado para ti. No lo conozco mucho, pero sí lo suficiente para saber que tarde o temprano te hará daño.

—¿Es que estás celoso? —preguntó Tina, riendo.

—Quién avisa no es traidor.

Al mediodía comenzó a llover. A medida que pasaba la tarde llovía con más fuerza. Tina se arreglaba en su cuarto para su cita con Martin. Él era de fuera y había venido a la ciudad a estudiar, por lo que vivía en la residencia de la universidad. Los dos se conocieron en el segundo curso de carrera y coincidían en la mayoría de las materias. Al principio, Tina no le prestaba mucha atención pero, al comenzar el tercer curso, ella empezó a fijarse más en su pelo ondulado y castaño, su aspecto desaliñado y su aire bohemio. Tina se puso su vestido negro y sus zapatos de tacón preferidos. Cogió las llaves de su coche y se marchó. El agua empezó a empaparla mientras caminaba a través de los jardines de la residencia. Se preguntaba por qué no había estado nunca allí. El edificio estaba adosado al de la universidad y tenía acceso a ésta.

En ese momento sonó su móvil. Era Martin. Quería cancelar la cita. Una sensación de frustración invadió el cuerpo de Tina, la cual se quedó inmóvil durante varios minutos mientras las gotas de lluvia caían por su rostro.

6 de Marzo 14:46

Ayer le dieron la nota de Psicología de la personalidad a Tina. Ha suspendido. Dice que quiere dejarlo… Joder, como lo haga no voy a poder verla más. Por mucho que la anime, parece decidida. Si le dijera lo que siento probablemente se planteara su decisión… No, no lo creo. Al fin y al cabo, ¿qué soy yo para ella? Una simple amistad transitoria que acabará en cuanto se gradúe, o incluso antes. Necesito verla… Iré a visitarla cuando salga de trabajar.

Walter

7 de Marzo 18:24

¿Martin? ¿Qué coño ha visto en ese estúpido? Se cree que con su pelito largo y su pinta de guarro las vuelve locas. Es sólo un engreído y un chulo. Yo la conocía desde hace más tiempo. Siempre ha confiado en mí, siempre me ha contado todos sus secretos, siempre he estado ahí cuando ella me ha necesitado… Ella no se merece alguien como él. Yo soy el adecuado. Si estuviera conmigo la haría la mujer más feliz del mundo… Sería mi diosa… Este fin de semana han vuelto a quedar. Esta vez, parece que van a llegar hasta el final. No puedo ni pensarlo…

Walter

Ese sábado, Walter y Tina fueron a desayunar a una cafetería cercana a la universidad. Ella le habló de su pseudo-cita. Walter estaba furioso, pero intentaba disimularlo. No quería que Tina se enterara de lo que sentía por ella.

—Parece que vais en serio —comentó.

—Todavía no estamos saliendo.

—No creo que sea adecuado para ti. No lo conozco mucho, pero sí lo suficiente para saber que tarde o temprano te hará daño.

—¿Es que estás celoso? —preguntó Tina, riendo.

—Quién avisa no es traidor.

Cada vez llovía con más fuerza. Walter estaba en su habitación de la residencia terminando su trabajo de Neuropsicología, la clase en la que coincidía con Martin, aquél que le estaba arrebatando a la chica de sus sueños. Tina estaba en su pensamiento cada hora, cada minuto, cada segundo. Cualquier nimiedad le recordaba a ella. Desde que se conocieron el primer año, había estado enamorado de ella. De su pelo moreno, de sus ojos penetrantes, de sus labios y de su cuerpo. Él adoraba su cintura serpenteante y su pecho turgente. Sabía que en unos minutos ella llegaría a la residencia para verse con Martin. Eso le hizo ponerse más nervioso.

10 de Marzo 19:37

Ya he terminado el maldito trabajo. No debería haberlo hecho. Ahora no podré dejar de pensar en Tina y en lo que hemos hablado en el desayuno… De un momento a otro va a venir y no precisamente a verme a mí sino a su querido Martin. Si yo no puedo tenerla, nadie podrá… Si no es mía, no será de nadie…

Walter

Caminaba con paso ligero bajo la lluvia hacia el lugar donde estaba Tina. Cuando llegó, la vio sentada en el césped.

—Levántate, te vas a manchar el vestido —dijo Walter mientras le tendía la mano.

—Da igual.

—No digas eso. Anda, vamos a mi habitación y allí te secas.

—Me ha llamado para decirme que no puede quedar conmigo… Asuntos familiares.

Tina estaba mintiendo. Martin le había dicho que no sentía nada por ella y que no podía seguir fingiendo. Tina se levantó y agarró el brazo de Walter con fuerza mientras se dirigían a la residencia. Una vez allí, Walter guió a Tina a su habitación y le ofreció algo de ropa. Se había ensuciado y quería darse una ducha antes de cambiarse, así que Walter le indicó dónde estaban los vestuarios.

Walter siguió a Tina sigilosamente y evitando ser descubierto. Caminó tras ella por los pasillos de la residencia y cuando ella entró en el vestuario, esperó. Le latía el corazón como nunca antes y empezó a respirar con dificultad. Se sentía mal pero a la vez excitado y tras mucho vacilar se decidió a entrar. Tina se había quitando el vestido y Walter observaba en silencio, como un búho detrás de su presa mientras se acercaba a la ducha. El agua caía intensamente sobre el cuerpo de Tina. Se había imaginado esa escena muchas veces y ahora estaba siendo el espectador en primera fila. Se acercó aún más, Tina se dio cuenta de su presencia y emitió un grito agudo, más por sorpresa que por miedo. Le preguntó qué hacía allí tapándose como pudo con los brazos. Walter le asestó un golpe en la cabeza con uno de los zapatos de Tina y la dejó inconsciente.

10 de Marzo 20:12

Me ha dolido tener que golpearla, pero he tenido que hacerlo. Aún sigue inconsciente pero ya no sangra… Está tan guapa cuando duerme, y su piel es tan suave que no he podido resistir tocarla… Pero disfrutaría más si estuviera despierta.

Walter

Tina abrió los ojos lentamente aunque no lograba apreciar si era un sueño o la cruda realidad. Se sentía aturdida por el golpe y notaba que no podía moverse, hasta que comprendió que estaba atada de pies y manos en una silla. Miró a Walter, que escribía en su mesa. No podía creer que su mejor amigo estuviera haciéndole eso. Cada momento que pasaba en aquella habitación sentía más desprecio hacia la persona en la que había confiado todo ese tiempo. En ese momento, Walter se dio la vuelta y la miró.

—¿Estás bien?

—¿Cómo te atreves a preguntarme si estoy bien?

—Lo siento, mi vida… No quería hacerte daño —respondió como si estuviera hablando con una niña pequeña—. No voy a hacerte daño.

—¿Mi vida? ¿A qué viene eso?

—Nunca te has dado cuenta, pero siempre he estado enamorado de ti. Y tú solo piensas nada más que en Martin. Seguro que te has derrumbado cuando te ha dicho que no sentía nada por ti.

—¿Cómo sabes eso? En ningún momento te lo he mencionado…

En ese momento Walter cogió un papel de su mesa y se sentó al lado de Tina. Le acercó la hoja y empezó a leer:

«10 de marzo 19:57

Ha sido muy fácil, demasiado fácil. Solamente ha hecho falta asustarle un poco. Martin parecía muy decidido a colaborar en cuanto ha visto la navaja. Espero que Tina no haya notado su nerviosismo cuando la ha llamado. Decirle a una persona que no la quieres mientras te amenazan con una navaja no debe de ser muy agradable, pero sentir sus entrañas saliendo de su estómago sí que lo es. Tina ya lleva un rato ahí fuera bajo la lluvia. Ya le avisé de que no era adecuado para ella. Ahora solo tengo que acercarme y seguir actuando como el buen amigo y así conseguiré que se dé cuenta de que si yo no la tengo, nadie podrá.

Walter.»

Tina empezó a sollozar, se sentía horrorizada al pensar que Martin estaba muerto. Muerto. Y Walter era el culpable. Todos sus pensamientos empezaron a entremezclarse, su mente estaba saturada de recuerdos de un pasado no muy lejano, pero que ya no se correspondían con su inmediata realidad. Walter se dirigió otra vez a su mesa y empezó a ordenar todos los papeles que había en ella.

—Tranquilízate, ese chico no te convenía. Te he hecho un gran favor.

—Estás enfermo —le espetó Tina.

Estaba todavía asustada, pero ahora el terror había dado paso a un gran odio hacia él. Walter se volvió bruscamente y se acercó a ella a zancadas.

—¡No estoy enfermo, solo enamorado! ¡Y de ti! —contestó mientras le acariciaba las mejillas y los labios.

Tina le mordió los dedos y este la agarró por la mandíbula.

—¿Por qué haces eso, eh?

—Déjame… Si te importo, déjame —suplicó, sollozando.

—Mi pequeña… Está bien, te perdono —dijo el chico, acercando su cara a la de ella. Su aliento estremecía a Tina, dejándola paralizada.

El rostro de Walter era la viva efigie de la perversión.

—Si yo no puedo tenerte, nadie podrá. —Tras decir esto, le besó la mejilla con lascivia.

Tina rompió a llorar. Walter la cogió en brazos y la tiró en su cama. Le desató los pies y le abrió los muslos con dificultad, ya que Tina se resistía, aunque sin éxito. Se desabrochó el cinturón y se bajó los pantalones. Tina seguía llorando y luchando ante lo que era inevitable, puesto que Walter ya estaba encima de ella. Apartó la mirada e intentó también apartar su pensamiento, pero notaba el cuerpo de Walter moviéndose cada vez más rápido y se rindió.

Pasaron varios minutos y Tina seguía inmóvil en la cama. Sus lágrimas aún estaban húmedas, bajando a través de su rostro, desfigurado por el horror y los sentimientos repulsivos que la inundaban. Walter había terminado de vestirse y estaba en su mesa sentado. Después de un rato, se levantó y cogió algo de debajo de la almohada. Tina comprendió poco a poco que le había llegado la hora y empezó a preguntarse qué sería peor, si morir o seguir en aquella angustia en la que estaba atrapada. Walter se sentó en el borde de la cama y empezó a deslizar la navaja por el cuerpo desnudo de Tina. Pudo apreciar como su vientre se contraía bruscamente, quizás por el frío del metal o tal vez por el frío de la agonía.

—Te veré en el infierno.

Clavó la navaja en su estómago y profundizó con fuerza. Una y otra vez la clavaba, escuchando los alaridos cada vez más estridentes de Tina, cuya alma iba poco a poco desapareciendo dejando su cuerpo inerte.

10 de Marzo 21:25

¿Ser o no ser? Tina ya no es. Sin ella yo tampoco soy. Sólo un observador búho que ha saciado su voraz necesidad de alimentarse y sigue observando en silencio al resto de animales. Ella me espera en el infierno. Allí seremos felices toda la eternidad. ¿Ser o no ser? Ahora yo no seré…

Walter


 

Espero que os haya gustado. Pasad un feliz Halloween y que la literatura os acompañe.

 

 

Imagen de portada extraída de goodsophism (Flickr)
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