¿El libro o la peli?

Esta es sin duda una de las típicas preguntas que nos suelen hacer y que solemos hacer los lectores. Incluso está dentro de muchísimas listas de cosas que solo entendemos los que amamos leer.

Si me hubiesen hecho esta pregunta hace un par de años, no habría tenido ninguna duda: el libro. Pero ahora, a esa respuesta le tengo que añadir la coletilla de ‘con matices’.

Y me explico.

Desde luego que es normal que a los que nos gusta leer solamos preferir el libro a la adaptación (ya sea película o serie): el desarrollo de la trama es más extenso, la caracterización de los personajes es más profunda, la perspectiva que nos da el narrador nos hace comprender mejor la historia, tenemos más información… Pero sobre todo, y yo creo que muchos de vosotros coincidiréis, está el hecho de que nuestra mente ha creado ya su imagen personalizada de todo lo que abarca el libro, la hemos creado cuando leíamos, se ha convertido en un esquema y que alguien venga y nos imponga otra diferente es bastante desconcertante e intrusivo; véase, nos rompe los esquemas. Y eso es duro.

Pero de lo que me he dado cuenta en este tiempo es de que no es justo afirmar vehementemente, como si defendiéramos la verdad más absoluta, que ‘las adaptaciones siempre son una basura’, ‘las películas/series basadas en libros nunca serán igual de buenas’ y otras aseveraciones similares.

Y me vuelvo a explicar.

Antes no tenía ni idea de cómo se hacía una película. Ni siquiera un corto o cualquier vídeo con cierto argumento. Pero entre que muchos de mis amigos han estudiado carreras relacionadas con el cine y la comunicación audiovisual, han hecho cortos en los que he ayudado o estado presente en cierto modo y que yo también he hecho mis pinitos en este mundo (aunque solo para nuestro entretenimiento y disfrute, nada serio), he comprendido cómo es el proceso de producción de una obra audiovisual. Y lo más importante, he comprendido la diferencia entre el lenguaje cinematográfico y el lenguaje literario.

Por eso no me parece justo comparar una película a una novela. El fin último de cualquier creación artística es expresar algo a un público, que ese público entienda la intención del creador y lo que quiere transmitir. Pero los medios en este caso son distintos. Ya sé, ya sé, podéis pensar ‘Fani, es que en el cine se escriben guiones’, ‘Fani, es que yo cuando leo me lo imagino como si lo estuviera viendo representado’ y tenéis razón. Pero cuando escribes novelas, puedes describir los paisajes, los pensamientos, los olores, el tacto, el desarrollo de las escenas, etc. Sin embargo, en el medio audiovisual, hay que hacer todo eso mediante las imágenes. No se puede expresar un monólogo interior igual que en una novela (a no ser que pongas una voz en off que haga el trabajo sucio); lo que los personajes perciben con sus sentidos en una película se reduce casi a vista y oído; lo que en una novela dura dos páginas, en una película puede perfectamente llevarte cinco segundos. El formato audiovisual tiene que contar con otras herramientas: los planos adecuados, movimientos de cámara acertados, buenas actuaciones del reparto, un buen montaje… No se concibe igual una idea para un medio audiovisual que para una novela. Estoy segura de que si pusiéramos a trabajar a escritores y guionistas y midiésemos su actividad cerebral, esta sería diferente. Al igual que el producto final también lo es. Por eso me parece injusto comparar ambos formatos.

Desde luego que una adaptación debe respetar la esencia de la obra literaria:

‘La joven de la perla’, adaptación muy fiel y con una fotografía digna de las obras de Vermeer

 

Sus personajes deben ser fieles a como los describieron sus autores originales:

Escena de ‘Carol’ dirigida por Todd Haynes, basada en la novela de Patricia Highsmith. No sabéis lo que me alegré al saber que habían fichado a Cate Blanchett para interpretar a Carol; para mí una elección perfecta. Además, es una adaptación bastante fiel (quitando alguna cosilla, claro).

 

Así como no pasar por alto detalles esenciales de la trama:

Aquí he dudado entre ‘La orden del fénix’ y ‘El misterio del príncipe’, que me gustaron mucho como película, pero… pero… se han comido cosas importantísimas… ¡INSENSATOS!

 

No obstante, no podemos quejarnos porque no se aprecie en la adaptación el mundo interior y las reflexiones de los personajes o del propio narrador. Eso, de momento y sin usar voces en off, es prácticamente imposible (por mucho que nos duela).

Desde que comprendo un poquito mejor cómo va esto del cine, aunque suelo preferir las historias en novelas, cuando veo una adaptación, intento valorarla por su calidad como película. Pero lo confesaré: siempre acabaré comentando con alguien cuáles son las diferencias con el libro.

Los viejos hábitos nunca mueren.

 

Y vosotros, ¿estáis de acuerdo? ¿Sois fieles defensores de la novela o sois más benévolos con las adaptaciones? ¿Hay alguna que os haya sorprendido para bien/defraudado por completo? No dudéis en comentar y compartir vuestras opiniones.

Un saludo y que la literatura (y el cine) os acompañen.

 

 

Imagen de portada extraída de movie-memories.net
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Un comentario en “¿El libro o la peli?

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